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miércoles, 27 de febrero de 2013

Situaciones hipotéticas de nuestro México lindo y querido: Los 3+1 Estados

Por Gustavo Cano

En la actualidad México cuenta con tres más uno Estados. El primero es el Estado mexicano tal cual, con un contrato social que más o menos funciona entre la sociedad y el gobierno, ambos asentados en un territorio más o menos soberano. En teoría, este Estado mexicano cuenta con el monopolio y el derecho al uso legítimo de la violencia para darse a entender. Pero lo que aquí llama la atención es que mientras otros Estados-nación pueden llegar a incluir varias naciones en los límites territoriales del Estado, México en realidad es una nación con varios Estados en dichos límites.

Y poco a poco surge la reflexión sobre el segundo Estado: las leyes del narco. Primero que nada vale la pena aclarar que cuando uno se refiere al narco, no se hace referencia a un grupo único de malosos que lo único que hacen todo el día es pensar cómo llevar a cabo sus fechorías y molestar a los buenos de la película. Para nada, eso sólo sucede en la mente de Calderón. En realidad hay seis grupos serios de narcotraficantes que controlan diferentes regiones del país e imponen su ley de una u otra forma.

¿Cómo impone su ley el segundo Estado? Generalmente el segundo Estado depende del primer Estado para darse a entender. En cuanto llegan los narcotraficantes a una ciudad o región del país, la manera más recurrida para imponer su orden es darles plomo o plata a las autoridades locales, ya sea bajo la forma de cooptación o amedrentamiento de las policías estatales o municipales, o bien de las federales encargadas de la plaza, lo cual incluye a la policía federal y al ejército. Una vez controladas las autoridades, los narcotraficantes imponen su ley a todo lo ancho y largo del territorio conquistado. Cuando narcos rivales intentan arrebatarles la plaza a los dueños originales, las autoridades son los primeros en hacerles frente. Es un sistema muy interesante: las autoridades, trabajando para los dueños de la plaza, cumplen con su deber combatiendo a otros narcotraficantes que les quieren arrebatar la plaza. Eso cuenta como misión cumplida. Obviamente, esto no se aplica a todas las autoridades del país, nomás a algunas, pues.

Cuando la población capta que al acudir al primer Estado para que les resuelva sus problemas, éstos no sólo no se resuelven, sino que a veces se complican más. Entonces la población decide romper el contrato social con el gobierno. Esto significa que la población hará justicia por su propia mano y bajo sus propios criterios. Lo que sigue es no pagar impuestos, ya sea al primer Estado o al segundo o a ambos. Esto de una u otra manera ya está pasando, en mayor o menor grado, en Michoacán, Guerrero, Oaxaca y el Estado de México. Es aquí donde surge el tercer Estado: La población le arrebata el monopolio y uso legítimo de la violencia al primer Estado para defenderse de los problemas generados por el primer y segundo Estados.

El surgimiento del tercer Estado es el preludio del colapso del primer Estado, más no del segundo. Bajo un escenario pesimista, el tercer Estado, en el corto plazo, “se independiza” del segundo Estado e inicia una travesía propia llena de incertidumbre rumbo a la consolidación de mecanismos de subsistencia. En realidad, es poco probable que el tercer Estado sobreviva a ataques violentos del primer y/o segundo Estados. Generalmente el tercer Estado es cooptado por el segundo estado de manera directa o con piel de primer Estado. Ése fue el primer paso que se dio en Colombia ante la formación y proliferación de los grupos paramilitares en distintas regiones del país. Aunque la comparación no es del todo pareja: en Colombia se contaba con una guerrilla fuerte y bien organizada, además de que los propietarios de tierras en aquel hermoso país tuvieron la iniciativa de formar patrullas de auto defensa para proteger sus intereses. Al final de cuentas, el tercer Estado acaba trabajando para el segundo Estado.

Existe otro flanco de derrumbe del primer Estado: la soberanía nacional. Al entregar México sus servicios de inteligencia a los Estados Unidos durante el sexenio de Calderón, se da el primer paso para que la etiqueta de “país soberano” quede tan sólo en eso, una etiqueta, sin validez oficial o efectos reales. Actualmente, el narco mexicano gasta alrededor de dos millones de dólares diarios en ciber inteligencia, principalmente para penetrar a su peor enemigo: la inteligencia estadounidense y algunas secciones de la poca inteligencia mexicana que todavía funciona. Aunque esto es relativo, ya que la inteligencia estadounidense ha penetrado de manera más o menos significativa a varios cárteles y sus resultados salen a flote más o menos de manera periódica y sin empacho: ¿dónde quedó el cadáver del Z-40, por ejemplo?

Los Estados Unidos surge como el cuarto Estado mexicano, sobre todo si analizamos la cuestión desde el punto de vista de la soberanía. Ante este terrible escenario de tantos Estados en una misma nación, quedan al aire las preguntas: ¿Qué carajos se puede hacer a este respecto? ¿Cómo le hacemos los mexicanos para regresar al maravilloso concepto de Estado-Nación? (Un solo Estado, se entiende.)

Mientras el cuarto Estado siga haciendo operaciones encubiertas y no tan encubiertas en nuestro país, además de que su población siga siendo el mayor mercado de consumo de drogas,  y mientras el segundo Estado siga recibiendo flujos impresionantes de dólares y armas; pues los Estados uno y tres, en realidad son simbólicos y se ven más bien como enfermos en etapa terminal (el primer Estado) o gritos desesperados a punto de ser callados con plata o plomo (el tercer Estado).

¡Órale!

viernes, 11 de noviembre de 2011

El día en que Juan Pérez se convirtió en un inútil mental.

Por Gustavo Cano

La organización internacional Human Rights Watch (HRW) acaba de hacer público su reporte “Ni seguridad, ni derechos. Ejecuciones, desapariciones y tortura en la guerra contra el narcotráfico de México”.  Esta entrega tiene historia propia. En agosto de 2009 Calderón retó a HRW a que le mostrara un solo caso de violaciones a los derechos humanos. HRW regresa dos años después con una respuesta contundente y documentada: miembros de las fuerzas de seguridad habrían participado en más de 170 casos de tortura, 39 desaparecidos y 24 ejecuciones extrajudiciales desde que Calderón asumió la presidencia en diciembre de 2006. En realidad, la probada violación a los derechos humanos por parte del Estado mexicano es tan sólo la puntita del iceberg.
Hay quienes defienden las políticas públicas de Calderón en lo relativo al combate contra el narcotráfico. A algunos les pagan por hacer eso, como a los miembros de su gabinete. Otros lo hacen por gusto y otros por ingenuos. No problem, cada quién es libre de decir lo que quiera o pueda al respecto. En realidad creo que todo comienza con qué tipo de pregunta están lidiando los defensores del presidente. ¿Es Felipe culpable o responsable de todo este relajito que ya causó alrededor de 40,000 muertos? En lo personal creo que Felipe no es culpable de nada, pero es responsable de muchas cosas…
Responsable de sus políticas de seguridad pública ¿ante quién? Y es aquí donde las cosas se ponen interesantes: ante los que pagan impuestos. El presidente es mi empleado porque yo pago impuestos. De hecho, cualquier funcionario público es mi empleado: los jueces, los burócratas, los presidentes municipales, los gobernadores, los militares, las policías, los diputados, los senadores, etc. Yo no nada más puedo, sino que les debo exigir a mis empleados que hagan bien la chamba.  Si no la pueden hacer, bueno, que se hagan a un lado y dejen que otros que sí pueden con la chamba la hagan.
Ojalá todo fuese tan fácil. En primer lugar, no más del 35% de los mexicanos pagan impuestos, ya sea porque los evaden o porque pertenecen a la economía informal, producto, eso sí, de malas políticas económicas de fortalecimiento de mercados internos, como han caracterizado al México neoliberal y monopólico de los últimos casi treinta años. Luego están los argumentos de defensa de las políticas del presidente. Están los argumentos que se basan en el supuesto de que el presidente posee poderes multidimensionales y se mueve sin empacho en realidades y tiempos de mundos paralelos en el plano del hubiera-jamás: que estaríamos peor si no se hubiera hecho lo que se hizo, que el presidente puede leer la mente de los priistas y que estos ya están listos para pactar con el narco (y éstos, de manera increíble, reaccionan como si el presidente en realidad le hubiera adivinado el pensamiento), que los narcos ya estarían controlando todo México si no se les hubiera combatido como se les ha combatido…
Mi defensa favorita es la defensa del inútil mental: la gente dice que un día, en el vecindario de Juan Pérez, empezaron a florecer actos de delincuencia. Juan Pérez y vecinos deciden contratar a alguien para que ponga en orden nuevamente al vecindario. Este nuevo empleado le dice a Juan Pérez que va a limpiar el vecindario, pero que en un descuido lo mata a él o a varios vecinos en el proceso. Juan dice que adelante, que no hay problema. Después de casi cinco años, el vecindario se convierte en campo de batalla, hay muertos por todos lados, accidentes aéreos al por mayor, y entre los muertos hay uno que otro pariente y amigos de Juan. Los vecinos deciden volverse a juntar para discutir qué se va a hacer con el peligroso empleado. A la mitad de la junta Juan se levanta y defiende a éste, diciendo que el empleado advirtió en un principio claramente que algunos miembros del vecindario iban a morir en el proceso. En ese momento el consenso indicaba que Juan Pérez se había convertido en un inútil mental.
Hay gente que defiende al presidente diciendo que él nos advirtió sobre lo que se avecinaba. En abril de 2007, Felipe declara: “ [El problema del narcotráfico] es un problema tan arraigado en nuestro país y tiene tan hondas raíces que requiere tiempo, tomará mucho tiempo, tomará recursos económicos, importantes recursos económicos, lo que toma una guerra de esta dimensión, costará, como ha venido costando desde hace dos años y seguirá haciéndolo, por desgracias, vidas humanas”.
No comments.
En noviembre de 2011, ante el reporte de HRW, Felipe menciona que la principal amenaza para los derechos humanos de los mexicanos son los criminales. Señor presidente, por definición, los derechos humanos sólo pueden ser violados por las autoridades gubernamentales. Evitar que las organizaciones criminales ejerzan actos de delincuencia contra la ciudadanía, esa es labor de las autoridades gubernamentales. Si en el transcurso de su chamba, señor presidente, las autoridades gubernamentales violan los derechos humanos, entonces estamos peor, también por definición: los niveles de delincuencia no bajan, ni se ha logrado disminuir la violencia; pero ahora hay que cargar con el problema señalado y demostrado por HRW.
El subsecretario de gobernación Felipe Zamora, unas cuantas horas antes de su lamentablemente muerte junto con el secretario de gobernación Blake, había declarado en relación al asunto de HRW que “En México no estamos en guerra. El combate a la criminalidad que estamos realizando es precisamente para restablecer  el estado de derecho que garantiza los derechos y libertades de todos”.
No señor presidente: yo no pago impuestos para que me digan que en un descuido me matan cuando usted está tratando de hacer su chamba y que usted ya lo había advertido. Yo pago impuestos para ser feliz. Para que el sistema de justicia funcione y funcione bien. Para que los niños puedan tomar clase sin que se tengan que aventar al suelo cada vez que quedan atrapados en fuego cruzado. Para que las autoridades no violen los derechos humanos, ni una sola vez, ni sean corruptas, ni se contradigan de forma fragante en sus declaraciones, ni nos traten como a Juan Pérez, etc.
Críticas aparte, mis condolencias al presidente por la pérdida de dos secretarios de gobernación durante lo que va de su administración.

lunes, 17 de octubre de 2011

CALDERÓN Y SU SEXENIO DE DEBUT Y DESPEDIDA

 Por: Magali Vélez Sanchez
 Relaciones Internacionales
 128031
 
UDLAP
Ya van 5 años que se tomó la decisión de emprender la guerra contra el narcotráfico, al principio se veía muy fácil y más con el apoyo de nuestro vecino, la potencia militar y económica más fuerte del mundo (todavía en aquellos tiempos) en aquel entonces nadie realmente se imaginaba lo que se desataría, metafóricamente hablando sería como torear al toro más manso que no se mete con nadie hasta que realmente lo molestan. Ni siquiera el propio Jefe de las Fuerzas Armadas de México, el mismo Presidente Felipe Calderón no sabía a lo que se enfrentaría, después de ganar unas elecciones con poco margen de diferencia, lo único que necesitaba era credibilidad de su gobierno por medio de políticas públicas para así subir su popularidad y obtener el apoyo de aquellos sectores y sociedad que dudaban de su capacidad para encaminar al país un sexenio más. Eligiendo así la lucha contra el narco como su carta de presentación para las próximas generaciones y libros de textos que incluyan su vida presidencial. Para mí es como su debut y despedida dentro de su carrera política como funcionario federal.
Al principio yo creo que todos, si no es que la mayoría lo apoyábamos, a pesar de que el mismo mencionó en sus discursos que sería una guerra difícil en el cual   habría muchas vidas de por medio y  sacrificio  dándonos a entender un mensaje subliminal que en lo personal se me ocurría que  casi casi se derramaría “sangre dentro de la  sociedad.” Pero en realidad nadie sabía  todo lo que provocaría y desencadenaría  esta  guerra ingenua. Al ir avanzando esta política, la sociedad mexicana empezó a percatarse gracias a la noticias (no por menospreciarlas muchos de los medios  le daban un toque amarillista) sobre lo que acontecía en la lucha contra el narcotráfico, en el cual cada vez se trataba de más muertes de gente inocente: familias enteras, niños, jóvenes; personas con gran influencia política: funcionarios públicos, incluyendo presidentes municipales, integrantes de las procuradurías, etc. Y esto inmediatamente nos hizo estar en contra del Presidente, aunque ciertamente él no tenga completamente la culpa, la gente siempre se irá en contra con el que da la cara, el de los discursos, el que representa al gobierno.
Fuera de las noticias, está la realidad, lo que uno vive, lo que uno presencia y en muchos lugares tranquilos (hablando por mí y por los que venimos de lugares en donde antes no se veía, ni se escuchaba nada de esto) se ha desatado la violencia, la inseguridad, la sangre, los famosos narco-mensajes sin faltar el o los degollados,  los narco-impuestos,  la migración y/o la fuga de profesionistas, el daño a la economía, al turismo,  a la inversión extranjera directa,  el infundir miedo a la sociedad, el dudar de su propio gobierno, de su sistema, el seguir desacreditando a su Presidente y autoridades locales y gubernamentales. El seguir alimentando la corrupción, el seguir en una guerra que sólo nos está destruyendo como Estado y que tristemente hemos de seguir estando decepcionados de nuestra sociedad y de sus autoridades que no ha sabido  encaminar y aprovechar a la riqueza de este  diverso y gran país.
Estos son sólo algunos simples ejemplos de daños colaterales que generalmente en todo el país y en la sociedad mexicana se han generado. Se han centrado tanto en esta guerra que ahora el bien común, la seguridad común se ha desplazado a tercer o cuarto término, la gente ahora sólo pide seguridad, quiere al menos regresar a que podía estar en su pueblo en las calles a altas horas de la noche sin escuchar balazos o chismes de que se desatará la balacera o de “que alzaran a quien se encuentren a tales horas”
Ahora sólo quedan interrogantes que parecen por ahora ser difíciles de responder ¿Cuántos más inocentes? ¿Cuánto tiempo más? ¿Qué más tiene que pasar para que se busque y se piense en una real  solución que  tenga tranquila en términos de seguridad a la sociedad mexicana?
El propio Calderón y su equipo saben que se han empeñado en tapar un error y en seguir con algo que cada vez más se sale de control, entonces  ¿Por qué seguir emprendiendo una guerra que por ahora amenaza con acabar con el Estado y la propia nación? ¿Acaso este asunto va más allá de los intereses nacionales?
Esta guerra se siente como estar en un laberinto sin salida, en donde sólo reina la frustración e impotencia de que la salida no esté en nuestras manos. Es triste ver como nuestro propio gobierno está acabando con los ideales y sueños de los que hemos de querer empezar a formar un patrimonio, una carrera en la participación ciudadana dentro de nuestro país. Ya que no contamos con su respaldo de protección y sin eso sólo nos queda el miedo de actuar, el miedo de querer defendernos y querer apoyar  una guerra que ni el propio gobierno ha sabido manejar su defensiva.