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martes, 10 de abril de 2012

LA TORMENTA PERFECTA VS. LA LÓGICA DEL NONO

-DR. GUSTAVO CANO

A veces me veo involucrado en discusiones con politólogos, políticos y anexos en relación a un tema específico de la política mexicana contemporánea. Cuando lanzo la pregunta: ¿Ustedes creen que va a haber un golpe de estado en México? En un 90% de los casos me contestan: “No, no”. Dicha respuesta me tranquiliza. Las razones que dan para defender su argumento son las que me inquietan. Cuando hago la pregunta no únicamente me refiero a los militares tomando el poder a punta de bayoneta sino, en términos más generales, a la interrupción abrupta y autoritaria, si no es que dictatorial, del régimen democrático mexicano.  Los que generalmente dan una respuesta positiva a la pregunta son los latinoamericanos sobrevivientes directos o indirectos de las dictaduras militares.
Los argumentos de los Mexican “Nonos” más o menos se pueden resumir de la siguiente manera:
  • No, porque la democracia en México la defenderían los mexicanos saliendo a las calles a protestar y la presión sería tal, que a los militares, o la figura autoritaria del momento, no les quedaría más remedio que regresar al régimen democrático. Ni hablar de represión de los militares en las calles sobre el pueblo mexicano.
  • No, porque los militares conocen sus límites y no se animarían a atentar contra la democracia mexicana. No se meterían en problemas que a todas luces no les conviene meterse. No se atreverían.
  • No, porque al círculo político de elite no le conviene un régimen autoritario dictatorial, prácticamente toda la clase política se opondría a tal movimiento anti democrático.
Bueno, en primer lugar, estas respuestas como que parten del supuesto que llevamos más de 100 años de cultura democrática en nuestro País. Desgraciadamente, esta es una baby-democracia que todavía no llega a su cumpleaños # 12. Todos los mexicanos que ya cumplieron 20 años de edad cuentan con padres y maestros que desarrollaron su vida entera en un régimen autoritario, en el que se le ponían adjetivos a la democracia a diestra y siniestra. Peor todavía, las tres generaciones por arriba de los jóvenes de 20 años tienen una profunda desconfianza en las instituciones tanto democráticas como de impartición de justicia y no las culpo.
Finalmente, el pueblo mexicano, en su conjunto, confía más en la iglesia y el ejército desde el punto de vista institucional. Estas dos instituciones tienen que ver con todo, menos con una estructura y divulgación de valores democráticos, al menos en México. El ejército porque, por definición, no puede ser, ni pensar democrático. La iglesia mexicana, bueno, tan solo hay que referirse a las declaraciones sistemáticas de sus líderes de los últimos 23 años para captar si es o no una institución democrática por naturaleza.
Yo no veo evidencia alguna que apoye la hipótesis de que el pueblo mexicano va a salir a la calle a defender la democracia y sus instituciones.  ¿El pueblo mexicano saliendo a las calles a defender a quién? ¿A la presidencia? ¿A las policías? ¿Al sistema de justicia? ¿Al poder legislativo? ¿A los gobernadores? ¿A los presidentes municipales? No creo. Por el contrario, yo veo un pueblo mexicano que está harto de tanta estupidez e injusticias. Veo un pueblo que ya está listo para aclamar y seguir al primero que se le ponga enfrente, que inicie ipso facto labores de “justicia” liberadora y que imponga un orden creíble contra la delincuencia organizada, al menos en el corto plazo. Aunque estas acciones liberadoras sean costeadas con la pérdida de las libertades fundamentales del ser humano: libertad de palabra, de expresión y de prensa. El pueblo mexicano, desde esta perspectiva, me da la impresión de que no tendría inconveniente alguno en cambiar libertades y democracia por la promesa de un poco de orden y paz en su vida cotidiana, aunque lo de la justicia prometida sería el “gran veremos”.
Los militares, históricamente en Latinoamérica, no tienen la costumbre de quedarse en el poder para siempre. Generalmente aclaran que la toma de poder es temporal y que, en cuanto la situación lo permita, se regresa al régimen democrático. Lo cual lo cumplen. No sé si eso pueda interpretarse como good news, pero bueno, algo es algo, diría el cínico. Aquí el punto es que un régimen autoritario o dictatorial, si bien es cierto que por lo mismo de su ilegitimidad e ilegalidad tienen una presión tremenda sobre sus hombros para regresar a la democracia, pues se puede tomar su tiempo para hacerlo: cinco, diez, quince años. No problem.
En relación a si los militares se animan o no a reprimir a un pueblo en las calles, un militar es educado para recibir órdenes y cumplirlas, esa es la esencia de la profesión a nivel de tropa. Y en el ejército hay más tropa que oficiales. Cuando la tropa recibe la orden de reprimir a la gente, ésta cumple y sanseacabó. Así ha sido y así será esto.  Nunca hay que olvidar eso.
Cuando hay un golpe de estado, generalmente los primeros en cambiar de bando son los políticos. Esto no se justifica, pero se entiende: la mayoría de las veces se es más útil a la patria vivo que muerto, además de que los muertos no negocian el regreso a la democracia cuando la ocasión se presenta. Es una realidad histórica. Serían muy pocos los políticos que se opongan a un golpe de estado, al menos en el corto plazo.
Cuando yo les comento a los Nonos que su razonamiento estaría de maravilla si todo dependiese únicamente de los mexicanos, la mayor parte se me queda viendo con ojitos curiosos, un poco escépticos. Me explico: Actualmente, la decisión de seguir o no con un México democrático se toma en Washington y no en México. La percepción estadounidense sobre el asunto es que el problema generado por la guerra contra los cárteles al sur de la frontera del Río Bravo ya está fuera de control del gobierno mexicano. La perspectiva dominante del establishment norteamericano, tanto republicano como demócrata, sería que Estados Unidos no se puede dar el lujo de quedarse sentado, esperando que las batallas callejeras lleguen a sus ciudades o a sus políticos y ellos tan tranquilos, sin hacer nada al respecto. Y ni modo que ellos saquen al ejército a las calles, no están ni mensos, ni locos.
Mientras discuten qué hacer con sus drogadictos, con sus problemas de distribución de drogas y de creciente y lucrativo pandillerismo urbano, pues un buen tentempié se antoja con el fin de poner en orden a los ruidosos sombrerudos del sur de una vez por todas, o al menos durante algunos años... ¿No? Desde esta perspectiva, las condiciones para una tormenta perfecta están listas:
La mayor parte de la población mexicana, cuya cultura democrática de ninguna manera brilla por su fortaleza, está lista para recibir con los brazos abiertos una oferta, en los hechos, de paz y tranquilidad, aunque sea en promesa, aunque lo de la justicia quede en el aire, aunque se tenga más que perder. Los mexicanos, en su abrumadora mayoría, no van a defender un sistema democrático que aparentemente ha traído más problemas que soluciones: corrupción y criminalidad galopantes, pobreza generalizada, servicios de salud de juguete, riqueza embrutecedora para un puñado de vivillos, sistema de justicia inexistente, una educación de risa… ¿de qué carajos sirve votar? Nada cambia y aquí lo que se necesita son justo eso, cambios. Y si a este panorama agregamos la baja educación general y una gran despolitización del pueblo mexicano, pues nadie va a extrañar a la democracia. Y los Nonos podrán decir misa al respecto.
Las elecciones que vienen, también pueden ser señaladas como penetradas, corrompidas y controladas por el narco y ser anuladas sin empacho alguno. De hecho, lo más difícil para un coup d’etat ya está: el ejército ya patrulla las calles y lo están acostumbrando a tomar decisiones francamente inconcebibles en una democracia común y corriente. Los casi once mil millones de dólares que gasta México en el combate a la delincuencia organizada en 2011 crea también una red de intereses que pueden tener la penúltima palabra en el destino de la democracia mexicana, sobre todo bajo el escenario de que si ese dinero se puede incrementar al doble o al triple en los próximos diez años para ciertas compañías del consulting establishment in the USA: ¡We close the deal y al carajo con la democracia mexicana! They couldn’t care less. Por cierto, se calcula que el presupuesto del narco supera entre dos y tres veces al del gobierno mexicano en esta guerra, años tras año.
¿De dónde sale la idea de que Washington cuenta con el poder para decidir sobre el destino del régimen político mexicano? El gobierno estadounidense ha sido claro al respecto: lo que pase o deje de pasar en México en esta guerra ya es considerado como material de Seguridad Nacional para la potencia militar más poderosa del planeta. De hecho ya lanzó un plan para poner en orden al país en un plazo de 30 meses.
Por otra parte, en la actualidad, los servicios de inteligencia mexicanos están en manos de agencias gubernamentales norteamericanas, de la CIA para abajo. La mayor parte de las acciones de acción directa contra grupos del crimen organizado en México se llevan a cabo bajo la coordinación de una o varias agencias de inteligencia o policiacas estadounidenses, por no mencionar la participación de la Embajada estadounidense en varios capítulos de esta guerra.
Cuando la actual administración decide poner en manos de una potencia extranjera la labor de inteligencia para luchar contra el crimen organizado, no únicamente se pisotea la soberanía nacional, sino que pone en riesgo la existencia misma del país (ask Cuba or Israel). Lo único que tiene que hacer el gobierno norteamericano es acercársele a algún militar o a Calderón para hablarles bonito y quedito al oído y ¡listo Calixto! En particular, cada vez que el gobierno de los Estados Unidos llega al tuétano del asunto en México, nuestro País acaba por perder el hueso.
Los incentivos que tiene la administración calderonista o algún militar fuerte para dejar el poder en México son cada vez menores en la medida de que Estados Unidos habla más y más fuerte acerca de todo lo mal que Calderón está haciendo las cosas; pero más a modo de que se necesitan más fuego, continuidad en la estrategia (Estados Unidos pone los dólares, México y Colombia los muertos) y poder de guerra para hacer bien las cosas; que insistir en una racionalización del conflicto y evitar el desmoronamiento de las instituciones democráticas para resolver un problema que, en buena medida, no es de los mexicanos: el masivo consumo de drogas por parte de los estadounidenses. Bajo esta retorcida lógica, las fuerzas no democráticas del País se convierten en el mejor aliado de los estadounidenses a la hora de que se quiere poner orden en el Mariachi Country desde afuera.
Este razonamiento también implica lo siguiente: Sin la aprobación estadounidense de un golpe de estado, la democracia en México continua, sobre todo por las razones expuestas por los Nonos.
A veces platico con jóvenes mexicanos sobre el futuro que ya les toca a ellos de manera inminente. Sin afán de ser pesimista, les comento que espero de todo corazón que se acuerden en unos 15 ó 20 años del Cano loco que veía golpes de estado por todas partes y no como el Cano que les previno sobre lo que iba a suceder, al mismo tiempo que le dan instrucciones a sus hijos para que callen la boca y que no se les ocurra decir o escribir lo que piensan, para que no los maten o desaparezcan.

Esto último, mientras que las últimas ganancias por la explotación petrolera en México se distribuyen de manera racional y eficiente en una oficina impecable y feliz en el top de algún rascacielos neoyorkino. Let’s see…

viernes, 11 de noviembre de 2011

El día en que Juan Pérez se convirtió en un inútil mental.

Por Gustavo Cano

La organización internacional Human Rights Watch (HRW) acaba de hacer público su reporte “Ni seguridad, ni derechos. Ejecuciones, desapariciones y tortura en la guerra contra el narcotráfico de México”.  Esta entrega tiene historia propia. En agosto de 2009 Calderón retó a HRW a que le mostrara un solo caso de violaciones a los derechos humanos. HRW regresa dos años después con una respuesta contundente y documentada: miembros de las fuerzas de seguridad habrían participado en más de 170 casos de tortura, 39 desaparecidos y 24 ejecuciones extrajudiciales desde que Calderón asumió la presidencia en diciembre de 2006. En realidad, la probada violación a los derechos humanos por parte del Estado mexicano es tan sólo la puntita del iceberg.
Hay quienes defienden las políticas públicas de Calderón en lo relativo al combate contra el narcotráfico. A algunos les pagan por hacer eso, como a los miembros de su gabinete. Otros lo hacen por gusto y otros por ingenuos. No problem, cada quién es libre de decir lo que quiera o pueda al respecto. En realidad creo que todo comienza con qué tipo de pregunta están lidiando los defensores del presidente. ¿Es Felipe culpable o responsable de todo este relajito que ya causó alrededor de 40,000 muertos? En lo personal creo que Felipe no es culpable de nada, pero es responsable de muchas cosas…
Responsable de sus políticas de seguridad pública ¿ante quién? Y es aquí donde las cosas se ponen interesantes: ante los que pagan impuestos. El presidente es mi empleado porque yo pago impuestos. De hecho, cualquier funcionario público es mi empleado: los jueces, los burócratas, los presidentes municipales, los gobernadores, los militares, las policías, los diputados, los senadores, etc. Yo no nada más puedo, sino que les debo exigir a mis empleados que hagan bien la chamba.  Si no la pueden hacer, bueno, que se hagan a un lado y dejen que otros que sí pueden con la chamba la hagan.
Ojalá todo fuese tan fácil. En primer lugar, no más del 35% de los mexicanos pagan impuestos, ya sea porque los evaden o porque pertenecen a la economía informal, producto, eso sí, de malas políticas económicas de fortalecimiento de mercados internos, como han caracterizado al México neoliberal y monopólico de los últimos casi treinta años. Luego están los argumentos de defensa de las políticas del presidente. Están los argumentos que se basan en el supuesto de que el presidente posee poderes multidimensionales y se mueve sin empacho en realidades y tiempos de mundos paralelos en el plano del hubiera-jamás: que estaríamos peor si no se hubiera hecho lo que se hizo, que el presidente puede leer la mente de los priistas y que estos ya están listos para pactar con el narco (y éstos, de manera increíble, reaccionan como si el presidente en realidad le hubiera adivinado el pensamiento), que los narcos ya estarían controlando todo México si no se les hubiera combatido como se les ha combatido…
Mi defensa favorita es la defensa del inútil mental: la gente dice que un día, en el vecindario de Juan Pérez, empezaron a florecer actos de delincuencia. Juan Pérez y vecinos deciden contratar a alguien para que ponga en orden nuevamente al vecindario. Este nuevo empleado le dice a Juan Pérez que va a limpiar el vecindario, pero que en un descuido lo mata a él o a varios vecinos en el proceso. Juan dice que adelante, que no hay problema. Después de casi cinco años, el vecindario se convierte en campo de batalla, hay muertos por todos lados, accidentes aéreos al por mayor, y entre los muertos hay uno que otro pariente y amigos de Juan. Los vecinos deciden volverse a juntar para discutir qué se va a hacer con el peligroso empleado. A la mitad de la junta Juan se levanta y defiende a éste, diciendo que el empleado advirtió en un principio claramente que algunos miembros del vecindario iban a morir en el proceso. En ese momento el consenso indicaba que Juan Pérez se había convertido en un inútil mental.
Hay gente que defiende al presidente diciendo que él nos advirtió sobre lo que se avecinaba. En abril de 2007, Felipe declara: “ [El problema del narcotráfico] es un problema tan arraigado en nuestro país y tiene tan hondas raíces que requiere tiempo, tomará mucho tiempo, tomará recursos económicos, importantes recursos económicos, lo que toma una guerra de esta dimensión, costará, como ha venido costando desde hace dos años y seguirá haciéndolo, por desgracias, vidas humanas”.
No comments.
En noviembre de 2011, ante el reporte de HRW, Felipe menciona que la principal amenaza para los derechos humanos de los mexicanos son los criminales. Señor presidente, por definición, los derechos humanos sólo pueden ser violados por las autoridades gubernamentales. Evitar que las organizaciones criminales ejerzan actos de delincuencia contra la ciudadanía, esa es labor de las autoridades gubernamentales. Si en el transcurso de su chamba, señor presidente, las autoridades gubernamentales violan los derechos humanos, entonces estamos peor, también por definición: los niveles de delincuencia no bajan, ni se ha logrado disminuir la violencia; pero ahora hay que cargar con el problema señalado y demostrado por HRW.
El subsecretario de gobernación Felipe Zamora, unas cuantas horas antes de su lamentablemente muerte junto con el secretario de gobernación Blake, había declarado en relación al asunto de HRW que “En México no estamos en guerra. El combate a la criminalidad que estamos realizando es precisamente para restablecer  el estado de derecho que garantiza los derechos y libertades de todos”.
No señor presidente: yo no pago impuestos para que me digan que en un descuido me matan cuando usted está tratando de hacer su chamba y que usted ya lo había advertido. Yo pago impuestos para ser feliz. Para que el sistema de justicia funcione y funcione bien. Para que los niños puedan tomar clase sin que se tengan que aventar al suelo cada vez que quedan atrapados en fuego cruzado. Para que las autoridades no violen los derechos humanos, ni una sola vez, ni sean corruptas, ni se contradigan de forma fragante en sus declaraciones, ni nos traten como a Juan Pérez, etc.
Críticas aparte, mis condolencias al presidente por la pérdida de dos secretarios de gobernación durante lo que va de su administración.

domingo, 23 de octubre de 2011

Calderón, firma decreto ley 5 de Junio = felicidad en padres sonorenses

Luisanatalia Salceda García
Relaciones Internacionales - UDLAP



   A mas de dos años y medio de la catástrofe, sufrida en una guardería en la ciudad que me vio crecer, Hermosillo, Se reunieron el presidente, Felipe Calderón, el secretario de Salud y el secretario de Desarrollo Social del país en el salón Adolfo López Mateos de Los Pinos, donde se firmó el decreto por el que se expide la Ley General de Prestación de Servicios para la Atención, Cuidado y Desarrollo Integral e Infantil, que representa el marco regulatorio para garantizar la seguridad de los niños que asisten a las guarderías y centros de cuidados similares. El presidente menciono la causa de esta nueva ley y es que todos vimos como el incendio de la guardería ABC  fue todo un suceso para todo el país pero sin lugar a dudas, y lo digo porque yo me encontraba en esta misma ciudad cuando paso todo, para Hermosillo, fue un día de luto e imborrable de la mente de miles de hermosillenses, sobre todo de los padres de los 49 muertos y de los niños lesionados, fue un suceso que desencadeno muchas cosas, entre ellas, la perdida del poder del PRI en el gobierno estatal, pues después de estar durante años gobernados por el PRI y como todos sabemos, que el incendio estuvo relacionado con el entonces gobernador de Sonora, Eduardo Bours, y ocurriendo justamente el incendio  a un mes y medio de las elecciones para gobernado y presidente municipal y tras ver la reacción inútil del gobernador miles de ciudadanos dejaron de votar por el PRI, y así fue como el ahora gobernador de Sonora, Guillermo Padres, subió al poder.
 Continuando con el tema, nuestro presidente garantizo que este nuevo decreto representa un paso fundamental para garantizar las condiciones de seguridad de los niños que asisten a las guarderías ,así como una exigencia de la sociedad para fortalecer los mecanismos de autorización, supervisión y evaluación de esos lugares. También dijo que se creará un Consejo Nacional de Prestación de Servicios para la atención, el cuidado y el desarrollo integral infantil, que sustituirá al Sistema Nacional de Guarderías creado el 10 de mayo de 2007 y que se capacitara con información sobre el tema de las guarderías y estancias infantiles a los gobiernos de los estados y de las dependencias federales.
Felipe Calderón indicó que también con esta ley se establecen las condiciones esenciales de protección civil que deberán cumplir las guarderías y estancias infantiles. Como por ejemplo, que ningún establecimiento que por si mismo pueda poner en riesgo la integridad física o emocional de las niñas y los niños, podrá estar ubicado a una distancia menor a 50 metros de estos centros. Durante la firma presidente hizo un reconocimiento tanto a la sociedad que ha trabajado para contar con un ordenamiento, como al compromiso de los legisladores de diversos partidos y al sector público que puso empeño para hacer de esta ley una realidad.
Por otro lado se han visto las reacciones de los padres de los niños fallecidos en la guardería ABC manifestaron su alegría  ante este suceso y se han tenido respuestas muy favorables.
Para concluir yo pienso que Calderón en estos tiempos de guerra que estamos viviendo a optado por empezar a “caer bien” y como muchos creían hace meses que esta ley jamás se iba a concretar sin duda se ha ganado unos cuantos seguidores a causa de este decreto. Podríamos decir que esta acción de Calderón tiene un poco de “nacionalismo” pues se esta preocupando por su país, y de esta forma evitando accidentes, aunque mas bien yo diría que es estrategia. 

lunes, 10 de octubre de 2011

Why does Mexico have a drug war? Thoughts about transnationalism.

Anna Emanuelsson, Relaciones Internacionales en Universidad de las Americas Puebla.



The illegal drug trafficking across the american continents may be considered one of he most worrying transnational processes of our time. Compared to the famous transnational issue of terrorism, the drug trafficking affects so many more aspects of the  societies in Latin America as well as in other continents. As a result of the illegal production, transport, trade and use of narcotics, Mexico is now at war with itself with a figure around 40 000 casualties. So what are the reasons for the mexican drug war? Why does the drug cartels want to combat their own government?  

Though Mexico is a country in development of becoming a full blood democracy, it still lacks of some fundamental human rights and has a considerable part of its population in poverty. The poverty provides the basis of the organized crime, and makes out one important piece of the mexican drug war jigsaw. After the transnational economical crisis, the unemployment rates of Mexico has risen. Many mexicans have found themselves in this shattered economy with few possibilities of changing their lives to the better, for example, mexican women in the northern cities of Mexico has been widowed in the violence and are increasingly drawn in to the organized crime as a way to support their families. Criminal activities such as drug trafficking and kidnapping has become one of few options for a large number of people in similar situations all over Mexico.

But the somewhat underdeveloped mexican society is not the main reason to this bloody combat in the streets of the northern cities. The most important factor is the possibility to earn extreme amounts of money from exploiting the constantly expanding demand of narcotic substances in the United States. Though most narcotic substances are prohibited in the United States, the demand for such substances is huge. The prohibitions has not had an effect on the drug abuse of american citizens, but nurtures an illegal market of narcotics across national boarders. 

 What could possible put an end to one of the worst transnational security issues of our time? It is important to be a pragmatic, something politics during election time rarely is (Barack Obama and Felipe Calderon are both facing national elections year 2012). It makes sense  to forbid things that are bad for society, but when the prohibition makes society worse it is time to think again. Ideology has its beauty, but in this case such as many others, the real world won’t cooperate with utopian ideas. Maybe it is time to really think about what would stop the money flow – what would really stop the demand of narcotics in the western hemisphere? Could it be as easy as legalizing all drugs in both the United States and in Mexico? Probably not, but it might be a start of a solution to this transnational issue

miércoles, 9 de febrero de 2011

Una de dos

¿El presidente Calderón sufre o no de la enfermedad del alcoholismo?

Una de dos: Felipe es o no es alcohólico. Si no lo es, perfecto, a otra cosa mariposa y se sugiere al amable lector que se vaya de una vez a leer otro blog. También el despido de Aristegui queda fuera de discusión y la irritada reacción de ciertos diputados cada vez que les saquen una manta alusiva al tema en mero pleno de la Cámara, pues ni viene al caso, pura pérdida de tiempo, como si no tuvieran nada mejor que hacer. Si sí lo es, entonces la pregunta cambia.

Bajo el supuesto de que Calderón sea un alcohólico, la pregunta entonces sería: ¿es un asunto personal o público?  

Una de dos: es asunto público o es personal. Desde el punto de vista humano, el presidente es libre de ser lo que pueda o quiera ser y su vida privada o sus enfermedades no le incumbe absolutamente a nadie. Pero el presidente es una figura pública y lo crónico de sus enfermedades puede afectar el destino de 110 millones de mexicanos en un momento dado.

Bajo el supuesto de que el asunto no es personal, sino de interés público, la siguiente pregunta sería: ¿qué tan grave es que el presidente sea un alcohólico?

Una de dos: es grave o no lo es. Y aquí vienen las complicaciones. Uno se puede imaginar las presiones que un alto funcionario de este tipo enfrenta de manera cotidiana. Un ejemplo hipotético sería el siguiente: el gobierno norteamericano le arrebata la seguridad nacional de las manos al presidente y lanza direcciones sobre lo que deben o no hacer la armada y marina mexicanas en la lucha contra el narco con el objetivo de que el norteamericano promedio ya no se drogue y de repente amanecemos todos los mexicanos con 35,000 muertos. Y los norteamericanos, quitados de la pena, siguen drogándose… La presión supongo que es enorme y el alcohol puede presentarse como una puerta falsa para sobrellevar la situación.

Bajo el supuesto de que el alcohol sea una tentadora herramienta para sobrellevar la situación, surge la pregunta: ¿el alcoholismo tiene remedio?

Una de dos: tiene o no tiene remedio. Pues con la novedad de que no tiene remedio. Una vez que se adquiere la enfermedad no hay cura. ¿Se puede tener una vida normal una vez que se adquiere? Claro que sí. Programas de doce pasos como Alcohólicos Anónimos o tratamientos especializados en clínicas de recuperación o idas con el psicólogo o el psiquiatra... de que ayudan, ayudan. El alcohólico puede convertirse en un alcohólico pasivo (que ya no bebe, pero en su conducta puede seguir siendo un alcohólico) y, si tiene suerte, puede desarrollar su recuperación a tres niveles: el físico, el espiritual y el emocional. ¿Pero entonces qué tan grave es el alcoholismo del presidente, bajo el supuesto de que sufra de esta enfermedad? Eso es asunto del enfermo desde una perspectiva estrictamente privada. Desde una perspectiva pública, se puede pensar que si la situación alcanza las dimensiones de Yeltsin en sus momentos más críticos a cargo de la Federación Rusa, pues el asunto es muy, pero muy grave. Quién sabe…

¿Qué tan grave es la situación entonces?

Una de dos, es grave o no lo es. Esto es muy relativo. Ciertamente no sería el primer presidente alcohólico, ni el primer político mexicano alcohólico (¡por el amor de dios!). Es un ser humano y el alcoholismo no distingue ni condición social, ni estatus económico, ni sexo o edad, ni posición ideológica. Ataca parejo. En una nota de El Universal (22 agosto, 2010) se afirma que hay 6 millones de alcohólicos en México; que cada año 1.7 millones de mexicanos incrementan las filas del alcoholismo (!); que el 57% de los suicidios están relacionados con bebidas embriagantes; que se pierden 160,000 horas hombre de trabajo quincenalmente y que el 36% de los delitos se relacionan con las bebidas alcohólicas.  De acuerdo al Centro de Integración Juvenil (Octubre 2010), la edad promedio a la que los jóvenes mexicanos comienzan a consumir alcohol es de 14 años y se calcula que tres millones de adolescentes tienen problemas de alcoholismo. México tiene un fuerte problema de consumo de alcohol y el presidente simplemente sería un número más en el problema.

Quizá ha llegado el momento de hablar largo y tendido sobre el problema de alcoholismo para los mexicanos en su conjunto. Quizá ha llegado una invaluable oportunidad para debatir sobre la problemática y convertirnos en una mejor nación, una nación que adquiera conciencia de sus enfermedades crónicas y que empiece a debatir sobre cómo combatirlas de manera humana y eficiente.  En fin...

Felipe, te deseo lo mejor, sinceramente. Recibe un fuerte abrazo.

- Dr. Cano