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martes, 19 de marzo de 2013

Enrique Peña Nieto invitó al Papa a México

Víctor Andrés González - 144516
19-Marzo-2013
Política Mexicana Comtemporánea

Peña Nieto invita al Papa Francisco a visitar México durante entrega de solideo


El presidente de México, Enrique Peña Nieto, anunció que su viaje a Roma fue para visitar al nuevo Papa Francisco I con la intención de que venga nuestro país cuando él pueda. También nuestro presidente señaló que ratificará al Papa el interés de su gobierno para que México y El Vaticano tengan buenas relaciones con la laicidad del Estado mexicano.
Peña Nieto hizo mención a que su gobierno tiene la idea muy marcada de establecer respeto por la diversidad de religiones que hay en México, pero sobretodo mantener una relación de manera institucional con el Estado Vaticano.
Por lo mientras, el vocero del Vaticano, Federico Lombardi, dijo que todavía no se tiene confirmada la llegada de Francisco I a nuestro país, pero tampoco se descarta. En sus propias palabras, dijo: “No sé nada, en cuanto tenga la confirmación oficial al respecto, se los haré saber, es verosímil que vaya a la Jornada Mundial de la Juventud”
Lo que más se destacó fue el interés y conocimiento que tiene el Papa Francisco sobre temas mundiales como lo es la paz, la manera en cómo combatir la pobreza, la economía entre otras cosas, según informó la Presidencia de la República.
En mi opinión, Peña Nieto no fue al intercambio del solideo blanco con el Papa, fue su esposa y Presidenta del Consejo Ciudadano Consultivo, Angélica Rivera. Como señala la nota, este intercambio se realiza cuando un fiel se acerca al Papa con esa prenda y recibe de él otra que es idéntica, esto porque Peña Nieto se presentó ante el Pontífice, no como fiel, si no como mandatario.  El protocolo de la diplomacia internacional permite a los mandatarios en sus visitas oficiales hacerlo con acompañantes, y como es el caso, se hizo acompañar de su cónyuge. El acto o aparición de la Primera Dama no afecta en nada al estado laico pues ella no representa al Estado mexicano y eso en nada le impide actuar o manifestarse como creyente, es más, la constitución le garantiza ese derecho. Ahora lo que yo creo es que es un exceso es llevar a sus hijos y algunos funcionarios que nada tenían que hacer allí. Como el Secretario de Hacienda, Luis Videgaray, por ejemplo.
Lo que sí es un hecho es que Francisco I es una persona que de verdad tiene los conocimientos necesarios para que sus decisiones u opiniones sean válidas y eso puede llegar a repercutir en el gobierno de México, pues con este tipo de relaciones que se piensa llevar a cabo en algún futuro, es muy posible que se prohíba en nuestro país lo que en El Vaticano lo tiene más que negado, como lo es el aborto o el matrimonio entre homosexuales. Habrá que ver en un futuro como es que nos beneficia o perjudica esta relación.

martes, 10 de abril de 2012

LA TORMENTA PERFECTA VS. LA LÓGICA DEL NONO

-DR. GUSTAVO CANO

A veces me veo involucrado en discusiones con politólogos, políticos y anexos en relación a un tema específico de la política mexicana contemporánea. Cuando lanzo la pregunta: ¿Ustedes creen que va a haber un golpe de estado en México? En un 90% de los casos me contestan: “No, no”. Dicha respuesta me tranquiliza. Las razones que dan para defender su argumento son las que me inquietan. Cuando hago la pregunta no únicamente me refiero a los militares tomando el poder a punta de bayoneta sino, en términos más generales, a la interrupción abrupta y autoritaria, si no es que dictatorial, del régimen democrático mexicano.  Los que generalmente dan una respuesta positiva a la pregunta son los latinoamericanos sobrevivientes directos o indirectos de las dictaduras militares.
Los argumentos de los Mexican “Nonos” más o menos se pueden resumir de la siguiente manera:
  • No, porque la democracia en México la defenderían los mexicanos saliendo a las calles a protestar y la presión sería tal, que a los militares, o la figura autoritaria del momento, no les quedaría más remedio que regresar al régimen democrático. Ni hablar de represión de los militares en las calles sobre el pueblo mexicano.
  • No, porque los militares conocen sus límites y no se animarían a atentar contra la democracia mexicana. No se meterían en problemas que a todas luces no les conviene meterse. No se atreverían.
  • No, porque al círculo político de elite no le conviene un régimen autoritario dictatorial, prácticamente toda la clase política se opondría a tal movimiento anti democrático.
Bueno, en primer lugar, estas respuestas como que parten del supuesto que llevamos más de 100 años de cultura democrática en nuestro País. Desgraciadamente, esta es una baby-democracia que todavía no llega a su cumpleaños # 12. Todos los mexicanos que ya cumplieron 20 años de edad cuentan con padres y maestros que desarrollaron su vida entera en un régimen autoritario, en el que se le ponían adjetivos a la democracia a diestra y siniestra. Peor todavía, las tres generaciones por arriba de los jóvenes de 20 años tienen una profunda desconfianza en las instituciones tanto democráticas como de impartición de justicia y no las culpo.
Finalmente, el pueblo mexicano, en su conjunto, confía más en la iglesia y el ejército desde el punto de vista institucional. Estas dos instituciones tienen que ver con todo, menos con una estructura y divulgación de valores democráticos, al menos en México. El ejército porque, por definición, no puede ser, ni pensar democrático. La iglesia mexicana, bueno, tan solo hay que referirse a las declaraciones sistemáticas de sus líderes de los últimos 23 años para captar si es o no una institución democrática por naturaleza.
Yo no veo evidencia alguna que apoye la hipótesis de que el pueblo mexicano va a salir a la calle a defender la democracia y sus instituciones.  ¿El pueblo mexicano saliendo a las calles a defender a quién? ¿A la presidencia? ¿A las policías? ¿Al sistema de justicia? ¿Al poder legislativo? ¿A los gobernadores? ¿A los presidentes municipales? No creo. Por el contrario, yo veo un pueblo mexicano que está harto de tanta estupidez e injusticias. Veo un pueblo que ya está listo para aclamar y seguir al primero que se le ponga enfrente, que inicie ipso facto labores de “justicia” liberadora y que imponga un orden creíble contra la delincuencia organizada, al menos en el corto plazo. Aunque estas acciones liberadoras sean costeadas con la pérdida de las libertades fundamentales del ser humano: libertad de palabra, de expresión y de prensa. El pueblo mexicano, desde esta perspectiva, me da la impresión de que no tendría inconveniente alguno en cambiar libertades y democracia por la promesa de un poco de orden y paz en su vida cotidiana, aunque lo de la justicia prometida sería el “gran veremos”.
Los militares, históricamente en Latinoamérica, no tienen la costumbre de quedarse en el poder para siempre. Generalmente aclaran que la toma de poder es temporal y que, en cuanto la situación lo permita, se regresa al régimen democrático. Lo cual lo cumplen. No sé si eso pueda interpretarse como good news, pero bueno, algo es algo, diría el cínico. Aquí el punto es que un régimen autoritario o dictatorial, si bien es cierto que por lo mismo de su ilegitimidad e ilegalidad tienen una presión tremenda sobre sus hombros para regresar a la democracia, pues se puede tomar su tiempo para hacerlo: cinco, diez, quince años. No problem.
En relación a si los militares se animan o no a reprimir a un pueblo en las calles, un militar es educado para recibir órdenes y cumplirlas, esa es la esencia de la profesión a nivel de tropa. Y en el ejército hay más tropa que oficiales. Cuando la tropa recibe la orden de reprimir a la gente, ésta cumple y sanseacabó. Así ha sido y así será esto.  Nunca hay que olvidar eso.
Cuando hay un golpe de estado, generalmente los primeros en cambiar de bando son los políticos. Esto no se justifica, pero se entiende: la mayoría de las veces se es más útil a la patria vivo que muerto, además de que los muertos no negocian el regreso a la democracia cuando la ocasión se presenta. Es una realidad histórica. Serían muy pocos los políticos que se opongan a un golpe de estado, al menos en el corto plazo.
Cuando yo les comento a los Nonos que su razonamiento estaría de maravilla si todo dependiese únicamente de los mexicanos, la mayor parte se me queda viendo con ojitos curiosos, un poco escépticos. Me explico: Actualmente, la decisión de seguir o no con un México democrático se toma en Washington y no en México. La percepción estadounidense sobre el asunto es que el problema generado por la guerra contra los cárteles al sur de la frontera del Río Bravo ya está fuera de control del gobierno mexicano. La perspectiva dominante del establishment norteamericano, tanto republicano como demócrata, sería que Estados Unidos no se puede dar el lujo de quedarse sentado, esperando que las batallas callejeras lleguen a sus ciudades o a sus políticos y ellos tan tranquilos, sin hacer nada al respecto. Y ni modo que ellos saquen al ejército a las calles, no están ni mensos, ni locos.
Mientras discuten qué hacer con sus drogadictos, con sus problemas de distribución de drogas y de creciente y lucrativo pandillerismo urbano, pues un buen tentempié se antoja con el fin de poner en orden a los ruidosos sombrerudos del sur de una vez por todas, o al menos durante algunos años... ¿No? Desde esta perspectiva, las condiciones para una tormenta perfecta están listas:
La mayor parte de la población mexicana, cuya cultura democrática de ninguna manera brilla por su fortaleza, está lista para recibir con los brazos abiertos una oferta, en los hechos, de paz y tranquilidad, aunque sea en promesa, aunque lo de la justicia quede en el aire, aunque se tenga más que perder. Los mexicanos, en su abrumadora mayoría, no van a defender un sistema democrático que aparentemente ha traído más problemas que soluciones: corrupción y criminalidad galopantes, pobreza generalizada, servicios de salud de juguete, riqueza embrutecedora para un puñado de vivillos, sistema de justicia inexistente, una educación de risa… ¿de qué carajos sirve votar? Nada cambia y aquí lo que se necesita son justo eso, cambios. Y si a este panorama agregamos la baja educación general y una gran despolitización del pueblo mexicano, pues nadie va a extrañar a la democracia. Y los Nonos podrán decir misa al respecto.
Las elecciones que vienen, también pueden ser señaladas como penetradas, corrompidas y controladas por el narco y ser anuladas sin empacho alguno. De hecho, lo más difícil para un coup d’etat ya está: el ejército ya patrulla las calles y lo están acostumbrando a tomar decisiones francamente inconcebibles en una democracia común y corriente. Los casi once mil millones de dólares que gasta México en el combate a la delincuencia organizada en 2011 crea también una red de intereses que pueden tener la penúltima palabra en el destino de la democracia mexicana, sobre todo bajo el escenario de que si ese dinero se puede incrementar al doble o al triple en los próximos diez años para ciertas compañías del consulting establishment in the USA: ¡We close the deal y al carajo con la democracia mexicana! They couldn’t care less. Por cierto, se calcula que el presupuesto del narco supera entre dos y tres veces al del gobierno mexicano en esta guerra, años tras año.
¿De dónde sale la idea de que Washington cuenta con el poder para decidir sobre el destino del régimen político mexicano? El gobierno estadounidense ha sido claro al respecto: lo que pase o deje de pasar en México en esta guerra ya es considerado como material de Seguridad Nacional para la potencia militar más poderosa del planeta. De hecho ya lanzó un plan para poner en orden al país en un plazo de 30 meses.
Por otra parte, en la actualidad, los servicios de inteligencia mexicanos están en manos de agencias gubernamentales norteamericanas, de la CIA para abajo. La mayor parte de las acciones de acción directa contra grupos del crimen organizado en México se llevan a cabo bajo la coordinación de una o varias agencias de inteligencia o policiacas estadounidenses, por no mencionar la participación de la Embajada estadounidense en varios capítulos de esta guerra.
Cuando la actual administración decide poner en manos de una potencia extranjera la labor de inteligencia para luchar contra el crimen organizado, no únicamente se pisotea la soberanía nacional, sino que pone en riesgo la existencia misma del país (ask Cuba or Israel). Lo único que tiene que hacer el gobierno norteamericano es acercársele a algún militar o a Calderón para hablarles bonito y quedito al oído y ¡listo Calixto! En particular, cada vez que el gobierno de los Estados Unidos llega al tuétano del asunto en México, nuestro País acaba por perder el hueso.
Los incentivos que tiene la administración calderonista o algún militar fuerte para dejar el poder en México son cada vez menores en la medida de que Estados Unidos habla más y más fuerte acerca de todo lo mal que Calderón está haciendo las cosas; pero más a modo de que se necesitan más fuego, continuidad en la estrategia (Estados Unidos pone los dólares, México y Colombia los muertos) y poder de guerra para hacer bien las cosas; que insistir en una racionalización del conflicto y evitar el desmoronamiento de las instituciones democráticas para resolver un problema que, en buena medida, no es de los mexicanos: el masivo consumo de drogas por parte de los estadounidenses. Bajo esta retorcida lógica, las fuerzas no democráticas del País se convierten en el mejor aliado de los estadounidenses a la hora de que se quiere poner orden en el Mariachi Country desde afuera.
Este razonamiento también implica lo siguiente: Sin la aprobación estadounidense de un golpe de estado, la democracia en México continua, sobre todo por las razones expuestas por los Nonos.
A veces platico con jóvenes mexicanos sobre el futuro que ya les toca a ellos de manera inminente. Sin afán de ser pesimista, les comento que espero de todo corazón que se acuerden en unos 15 ó 20 años del Cano loco que veía golpes de estado por todas partes y no como el Cano que les previno sobre lo que iba a suceder, al mismo tiempo que le dan instrucciones a sus hijos para que callen la boca y que no se les ocurra decir o escribir lo que piensan, para que no los maten o desaparezcan.

Esto último, mientras que las últimas ganancias por la explotación petrolera en México se distribuyen de manera racional y eficiente en una oficina impecable y feliz en el top de algún rascacielos neoyorkino. Let’s see…

lunes, 17 de octubre de 2011

CALDERÓN Y SU SEXENIO DE DEBUT Y DESPEDIDA

 Por: Magali Vélez Sanchez
 Relaciones Internacionales
 128031
 
UDLAP
Ya van 5 años que se tomó la decisión de emprender la guerra contra el narcotráfico, al principio se veía muy fácil y más con el apoyo de nuestro vecino, la potencia militar y económica más fuerte del mundo (todavía en aquellos tiempos) en aquel entonces nadie realmente se imaginaba lo que se desataría, metafóricamente hablando sería como torear al toro más manso que no se mete con nadie hasta que realmente lo molestan. Ni siquiera el propio Jefe de las Fuerzas Armadas de México, el mismo Presidente Felipe Calderón no sabía a lo que se enfrentaría, después de ganar unas elecciones con poco margen de diferencia, lo único que necesitaba era credibilidad de su gobierno por medio de políticas públicas para así subir su popularidad y obtener el apoyo de aquellos sectores y sociedad que dudaban de su capacidad para encaminar al país un sexenio más. Eligiendo así la lucha contra el narco como su carta de presentación para las próximas generaciones y libros de textos que incluyan su vida presidencial. Para mí es como su debut y despedida dentro de su carrera política como funcionario federal.
Al principio yo creo que todos, si no es que la mayoría lo apoyábamos, a pesar de que el mismo mencionó en sus discursos que sería una guerra difícil en el cual   habría muchas vidas de por medio y  sacrificio  dándonos a entender un mensaje subliminal que en lo personal se me ocurría que  casi casi se derramaría “sangre dentro de la  sociedad.” Pero en realidad nadie sabía  todo lo que provocaría y desencadenaría  esta  guerra ingenua. Al ir avanzando esta política, la sociedad mexicana empezó a percatarse gracias a la noticias (no por menospreciarlas muchos de los medios  le daban un toque amarillista) sobre lo que acontecía en la lucha contra el narcotráfico, en el cual cada vez se trataba de más muertes de gente inocente: familias enteras, niños, jóvenes; personas con gran influencia política: funcionarios públicos, incluyendo presidentes municipales, integrantes de las procuradurías, etc. Y esto inmediatamente nos hizo estar en contra del Presidente, aunque ciertamente él no tenga completamente la culpa, la gente siempre se irá en contra con el que da la cara, el de los discursos, el que representa al gobierno.
Fuera de las noticias, está la realidad, lo que uno vive, lo que uno presencia y en muchos lugares tranquilos (hablando por mí y por los que venimos de lugares en donde antes no se veía, ni se escuchaba nada de esto) se ha desatado la violencia, la inseguridad, la sangre, los famosos narco-mensajes sin faltar el o los degollados,  los narco-impuestos,  la migración y/o la fuga de profesionistas, el daño a la economía, al turismo,  a la inversión extranjera directa,  el infundir miedo a la sociedad, el dudar de su propio gobierno, de su sistema, el seguir desacreditando a su Presidente y autoridades locales y gubernamentales. El seguir alimentando la corrupción, el seguir en una guerra que sólo nos está destruyendo como Estado y que tristemente hemos de seguir estando decepcionados de nuestra sociedad y de sus autoridades que no ha sabido  encaminar y aprovechar a la riqueza de este  diverso y gran país.
Estos son sólo algunos simples ejemplos de daños colaterales que generalmente en todo el país y en la sociedad mexicana se han generado. Se han centrado tanto en esta guerra que ahora el bien común, la seguridad común se ha desplazado a tercer o cuarto término, la gente ahora sólo pide seguridad, quiere al menos regresar a que podía estar en su pueblo en las calles a altas horas de la noche sin escuchar balazos o chismes de que se desatará la balacera o de “que alzaran a quien se encuentren a tales horas”
Ahora sólo quedan interrogantes que parecen por ahora ser difíciles de responder ¿Cuántos más inocentes? ¿Cuánto tiempo más? ¿Qué más tiene que pasar para que se busque y se piense en una real  solución que  tenga tranquila en términos de seguridad a la sociedad mexicana?
El propio Calderón y su equipo saben que se han empeñado en tapar un error y en seguir con algo que cada vez más se sale de control, entonces  ¿Por qué seguir emprendiendo una guerra que por ahora amenaza con acabar con el Estado y la propia nación? ¿Acaso este asunto va más allá de los intereses nacionales?
Esta guerra se siente como estar en un laberinto sin salida, en donde sólo reina la frustración e impotencia de que la salida no esté en nuestras manos. Es triste ver como nuestro propio gobierno está acabando con los ideales y sueños de los que hemos de querer empezar a formar un patrimonio, una carrera en la participación ciudadana dentro de nuestro país. Ya que no contamos con su respaldo de protección y sin eso sólo nos queda el miedo de actuar, el miedo de querer defendernos y querer apoyar  una guerra que ni el propio gobierno ha sabido manejar su defensiva.



jueves, 6 de octubre de 2011

“El Ejército Zapatista de Liberación Nacional después de 17 años”


Lorena Berenice Fuentes Rodríguez  136326
Licenciatura en Relaciones Internacionales- UDLAP

Este 2011 se cumplieron 17 años desde el levantamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional en Chiapas causando una guerrilla en el sur de México y llamando la atención a las autoridades sobre las injusticias y el olvido hacia el estado chiapaneco. Sin embargo, esta situación no es reciente debido a que este movimiento político-social tendría sus antecedentes en 1969 con la fundación del movimiento Fuerzas de Liberación Nacional.
Después de 17 años el Ejército Zapatista de Liberación Nacional sigue con estatus como grupo paramilitar en México, parece tomar otros rumbos dentro de la política y atender al llamado de la sociedad civil ante los escenarios violentos que se viven en el país. El Ejército Zapatista de Liberación Nacional se ha sumado al Movimiento por la Paz con justicia y dignidad y ha externado su apoyo por la causa por medio de cartas al Movimiento Ciudadano por la Justicia.  El 16 de septiembre del presente año, el EZLN se reunió con el activista Javier Sicilia en Chiapas, quien encabeza el Movimiento por la Paz, para darle la bienvenida al recorrido de la Caravana de la Paz en Chiapas.
Sin embargo, se sigue viendo amenazado ya que en septiembre del presente año en la comunidad chiapaneca de San Patricio, municipio autónomo rebelde La Dignidad, fueron agredidos por unos invasores quienes querían apropiarse de las pertenencias de los Zapatistas y de paso mataron gente cuando saqueaban la comunidad.
A lo que se añade un constante ataque por grupos oficialistas hacia las escuelas autónomas zapatistas con el argumento de que el Sistema Educativo Rebelde Autónomo Zapatista ha provocado estos ataques en San Marcos Avilés. Como consecuencia, las escuelas han tenido que cancelar clases afectando la escolaridad de los niños y la convivencia comunitaria ante esta amenaza.
Ante esta situación caótica, se requirió una declaratoria mundial en defensa del ejido San Marcos por El Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de Las Casas y el Movimiento por Justicia del Barrio debido a que este brote de violencia afecta muchísimo al desarrollo de las comunidades indígenas y a los habitantes de estas comunidades en su escolaridad, nutrición y a las constantes amenazas físicas y psicológicas que se viven día a día.
Hoy, El Ejército Zapatista de Liberación Nacional ha evolucionado de una forma pacífica a favor de la sociedad con estrategias de bajo impacto debido a que ha cambiado sus meetings políticos por un Enlace Zapatista vía internet y su guerrilla por el Movimiento por la Paz como protesta civil. Esto me hace pensar en que este movimiento guerrillero tiene una visión a largo plazo tomando en cuenta los avances tecnológicos y lo que la globalización tiene que ofrecer para luchar por tu causa.
Solo me queda una pregunta inconclusa, después de 17 años de lucha a favor de los derechos indígenas. Mientras que toda la atención está en “la guerra contra el narco” que se va difundiendo desde el norte hacia el sur rápidamente, ya la gente se olvidó del EZLN y el gobierno se ha olvidado del sur otra vez, ¿Será que estamos retrocediendo en el tiempo a 1994 al olvidar que el centro del país no es todo México? 

miércoles, 4 de mayo de 2011

Me declaro infeliz

Nunca falta algún ilustrado que hace comparaciones actualizadas sobre los diferentes niveles de violencia entre México y otras ciudades o países y llegan a la feliz conclusión de que podríamos estar peor. Valiente lío.
Se la pasan diciendo que Washington D.C., Nueva Orleans, Río de Janeiro, Iraq y Afganistán ya quisieran estar como México. Que los niveles de violencia en el país son mínimos comparados con estas apoteosis del exterminio sistemático de vidas en el mundo. Que si bien es cierto que el índice de asesinatos por cada cien mil habitantes se ha más que duplicado del 2008 al 2010, en realidad nos falta mucho para alcanzar niveles preocupantes de violencia… ¡Ándale pues!
En realidad ése es el problema: el incremento vertiginoso de la violencia en nuestro querido México. Hace algunos años no había fosas clandestinas, ni descabezados, ni descuartizados. Y si los había, eran una rareza, más que el común denominador de la violencia. Si uno compara números pelones, pues es posible que hasta acabe uno declarando loco al poeta por su coherente, desesperado y en extremo respetable esfuerzo para cambiar las cosas. Pero por ahí no va.
Reflexionemos. La violencia en el país hace alta y peligrosamente tolerable a la sociedad mexicana de conductas barbáricas y, lo que es peor, la acostumbra poco a poco a resignarse ante la evidente y generalizada falta de justicia: denunciar un pariente desparecido en el norte de la república no es recomendado por las propias autoridades, por la seguridad de la familia del desaparecido. A los muertos de la guerra contra el narco, el único acto de justicia que se les hace es enterrarlos.
Los niños mexicanos son las principales víctimas de esta espiral creciente de violencia institucionalizada. No hace mucho, los niños se la pasaban preocupándose por cosas banales, como si su equipo iba a ganar el campeonato de fútbol, o el subcampeonato en caso de irle al Cruz Azul. Veían caricaturas, jugaban con los amiguitos de la cuadra y algunos ya tenían que trabajar en la calle. Ahora, todos, sin excepción, consideran a la violencia como un aspecto cotidiano de su vida. Sin darse cuenta, la han integrado a su devenir y eso es más preocupante que cualquier otra estadística seria al respecto. En lugar de que la niñez mexicana se convierta en un garantizado guardián del futuro de la incipiente democracia mexicana, se transforma potencialmente en su peor enemigo al razonar que los conflictos se resuelven a punta de madrazos y que la democracia en realidad sirve para dos cosas: para nada y para lo mismo.
Pero el aspecto más importante de la manifestación generalizada y plena de la violencia es la erosión del Estado mexicano. Conforme el Estado oficial pierde el monopolio del uso legítimo de la violencia, el contrato social entre el gobierno y la sociedad pierde validez, se desmorona. Si antes uno pagaba impuestos para garantizar el funcionamiento y protección del gobierno ante la violencia ilegítima, pues ahora uno sigue pagando impuestos, pero no hay manera de ser protegido por el Estado mexicano ante cualquier amenaza o injusticia.
Uno en realidad queda en manos de dios. Lo cual no estaría tan mal, si no es porque uno también paga impuestos al narco, que se empieza a comportar como Estado. Los pagos se hacen más a la de fuerzas que a la de ganas bajo la forma de extorsiones, secuestros, asesinatos, incrementos de acciones criminales en las ciudades y en las carreteras, impartición generalizada de injusticia, altos niveles de corrupción de las autoridades, irrupción perjudicial en la actividad económica y en la vida política, etc. Al narco nomás le falta emitir pasaportes, de ahí en adelante, ya se comporta como Estado. El otro Estado mexicano, el que debería ser legítimo a todas luces, empieza a desvanecerse en la oscuridad del miedo de la ciudadanía. La sociedad mexicana, en los hechos, para sobrevivir, se ve obligada a pactar con los poseedores reales del uso de la violencia: el narco y el gobierno mexicano.
No sé si usted, apreciable lector,  pague impuestos para que le digan: “Ah, pero eso sí, en esta guerra va a haber muchos muertos a tu alrededor para protegerte de los que te quieren hacer daño y en un descuido te toca a ti… bajo advertencia no hay engaño.” Si alguien es feliz en un país que ya se acerca a los cuarenta mil muertos en una guerra que se va perdiendo un día a la vez, pues que dé un paso adelante. Yo no, yo pago impuestos para ser feliz. Y seré feliz en la medida de que ese dinero se use en mi persona, en mi comunidad, en mi ciudad, en mi país. No en balas, persecuciones letales, violaciones sistemáticas de derechos humanos y una galopante corrupción e impunidad de ciertos sectores gubernamentales, ni en intentos banales para que los ciudadanos norteamericanos dejen de drogarse. Bajo estas circunstancias, con mucho gusto me declaro infeliz.
Dr. Cano 

miércoles, 23 de febrero de 2011

Irapuato no es Juárez

Ni Napolitano, ni el director del ICE, ni el fiscal general de los Estados Unidos entienden que la muerte del agente Zapata en carreteras mexicanas es un evento de terrible importancia para la soberanía de un país que se llama “México”.
Ellos se la pasaron diciendo durante las exequias del agente Zapata que él había muerto murió "no sólo para proteger a su país, sino al pueblo de México” (Morton-ICE). Napolitano dijo que “no vamos a descansar ni a ceder en nuestra determinación hasta ver que los responsables sean detenidos y paguen por sus crímenes" y el buen Holder (fiscal general) se lució, refiriéndose a Zapata: "trabajaba para ayudar a nuestros vecinos y aliados en México a cumplir con sus responsabilidades ante aquellos a los que sirven y para construir una nación que constituye un faro de esperanza y oportunidad, un lugar donde todos los mexicanos puedan vivir no con miedo, sino en unidad. Ganaremos esta lucha, ésa es mi promesa ante ustedes".
Thanks but no thanks!
Por un lado, el enojo de las autoridades estadounidenses se entiende desde la perspectiva de que cualquier pérdida de sus agentes debe honrarse como si fuese la última. Eso es de admirar a los norteamericanos. Acá en México muere un judicial o un estatal y a lo mucho lo entierran rápido o hacen ceremonias selectivas, sobre todo si fueron varios los caídos. Pero no se hace nada por parar la carnicería.
Es de admirar a las autoridades norteamericanas su determinación de aclarar todas y cada una de sus bajas en la eterna guerra de los buenos contra los malos. Mientras que en México nos medio conformamos que medio paren la matazón.
Pero de eso a que nos cuelguen un héroe… thanks compadre, pero no hay necesidad. Cada quien trabaja desde su respectivo lado de la frontera. Ya tenemos 35,000 héroes, francamente no se necesita ni uno más. Hasta donde yo entiendo, todo el personal norteamericano de justicia y seguridad que trabaja en territorio mexicano sabe perfectamente a lo que se enfrenta y que su muerte siempre será un activo para los Estados Unidos, pero no para México. Lo que siguió (y sigue) es indignante: El FBI cerrando las carreteras federales mexicanas y la PGR elevada a carácter de pariente pobre en las averiguaciones del crimen. Y ya no se diga las regañizas telefónicas  de funcionarios americanos a su contraparte mexicana.
Una persecución norteamericana sobre algún cártel mexicano, definitivamente corre el riesgo de vestir de héroes a los narcos. No obstante, los servicios de inteligencia tienen un panorama muy claro acerca de quién es quién y dónde andan los que andan entre los narcos mexicanos. Así que parece que es cuestión de tiempo que el largo brazo de la justicia norteamericana agarre a los culpables y ¡órenle jijos de la jijurria! A una cárcel de máxima seguridad gringa y el resto de la historia ya es conocido: en México se les hace algunos corridos y, si son ejecutados, empieza su culto junto con el de la Niña Blanca.
¿Y el gobierno mexicano? Bien gracias: el presidente Felipe en el alucine diciendo ante inversionistas japoneses que la seguridad en ciudades mexicanas es equiparable a ciudades europeas. En efecto, Irapuato no es Juárez. Todavía. En el inter, la inteligencia mexicana deja de existir oficialmente ante la acción que a sus largas y anchas la inteligencia norteamericana actualmente despliega no nada más para el caso Zapata, sino para cualquier detalle estratégico y táctico en la guerra contra las drogas. Llevándose de corbata (por delante, pues) a los militares mexicanos y haciendo añicos las aspiraciones democráticas de este gran país, llamado México.
Lo que ni Napolitano, ni Holder, ni Morton entienden es que la muerte del agente Zapata es inútil mientras los norteamericanos no enfrenten con los destos bien puestos el problema de drogadicción de su población. Mientras la demanda de drogas no disminuya significativamente, el problema seguirá en los dos países. Se necesita creatividad y ganas de resolver el problema, no funerales transmitidos en vivo y promesas cínicas de violar la soberanía de otro país.
Nuevamente: soluciones transnacionales a problemas transnacionales. Mi más sentido pésame para la familia Zapata y para las familias de 35,000 mexicanos sacrificados para que los norteamericanos  ya no se droguen. Todas ellas muertes inútiles, so far, if I may.

Dr. Cano

miércoles, 9 de febrero de 2011

Una de dos

¿El presidente Calderón sufre o no de la enfermedad del alcoholismo?

Una de dos: Felipe es o no es alcohólico. Si no lo es, perfecto, a otra cosa mariposa y se sugiere al amable lector que se vaya de una vez a leer otro blog. También el despido de Aristegui queda fuera de discusión y la irritada reacción de ciertos diputados cada vez que les saquen una manta alusiva al tema en mero pleno de la Cámara, pues ni viene al caso, pura pérdida de tiempo, como si no tuvieran nada mejor que hacer. Si sí lo es, entonces la pregunta cambia.

Bajo el supuesto de que Calderón sea un alcohólico, la pregunta entonces sería: ¿es un asunto personal o público?  

Una de dos: es asunto público o es personal. Desde el punto de vista humano, el presidente es libre de ser lo que pueda o quiera ser y su vida privada o sus enfermedades no le incumbe absolutamente a nadie. Pero el presidente es una figura pública y lo crónico de sus enfermedades puede afectar el destino de 110 millones de mexicanos en un momento dado.

Bajo el supuesto de que el asunto no es personal, sino de interés público, la siguiente pregunta sería: ¿qué tan grave es que el presidente sea un alcohólico?

Una de dos: es grave o no lo es. Y aquí vienen las complicaciones. Uno se puede imaginar las presiones que un alto funcionario de este tipo enfrenta de manera cotidiana. Un ejemplo hipotético sería el siguiente: el gobierno norteamericano le arrebata la seguridad nacional de las manos al presidente y lanza direcciones sobre lo que deben o no hacer la armada y marina mexicanas en la lucha contra el narco con el objetivo de que el norteamericano promedio ya no se drogue y de repente amanecemos todos los mexicanos con 35,000 muertos. Y los norteamericanos, quitados de la pena, siguen drogándose… La presión supongo que es enorme y el alcohol puede presentarse como una puerta falsa para sobrellevar la situación.

Bajo el supuesto de que el alcohol sea una tentadora herramienta para sobrellevar la situación, surge la pregunta: ¿el alcoholismo tiene remedio?

Una de dos: tiene o no tiene remedio. Pues con la novedad de que no tiene remedio. Una vez que se adquiere la enfermedad no hay cura. ¿Se puede tener una vida normal una vez que se adquiere? Claro que sí. Programas de doce pasos como Alcohólicos Anónimos o tratamientos especializados en clínicas de recuperación o idas con el psicólogo o el psiquiatra... de que ayudan, ayudan. El alcohólico puede convertirse en un alcohólico pasivo (que ya no bebe, pero en su conducta puede seguir siendo un alcohólico) y, si tiene suerte, puede desarrollar su recuperación a tres niveles: el físico, el espiritual y el emocional. ¿Pero entonces qué tan grave es el alcoholismo del presidente, bajo el supuesto de que sufra de esta enfermedad? Eso es asunto del enfermo desde una perspectiva estrictamente privada. Desde una perspectiva pública, se puede pensar que si la situación alcanza las dimensiones de Yeltsin en sus momentos más críticos a cargo de la Federación Rusa, pues el asunto es muy, pero muy grave. Quién sabe…

¿Qué tan grave es la situación entonces?

Una de dos, es grave o no lo es. Esto es muy relativo. Ciertamente no sería el primer presidente alcohólico, ni el primer político mexicano alcohólico (¡por el amor de dios!). Es un ser humano y el alcoholismo no distingue ni condición social, ni estatus económico, ni sexo o edad, ni posición ideológica. Ataca parejo. En una nota de El Universal (22 agosto, 2010) se afirma que hay 6 millones de alcohólicos en México; que cada año 1.7 millones de mexicanos incrementan las filas del alcoholismo (!); que el 57% de los suicidios están relacionados con bebidas embriagantes; que se pierden 160,000 horas hombre de trabajo quincenalmente y que el 36% de los delitos se relacionan con las bebidas alcohólicas.  De acuerdo al Centro de Integración Juvenil (Octubre 2010), la edad promedio a la que los jóvenes mexicanos comienzan a consumir alcohol es de 14 años y se calcula que tres millones de adolescentes tienen problemas de alcoholismo. México tiene un fuerte problema de consumo de alcohol y el presidente simplemente sería un número más en el problema.

Quizá ha llegado el momento de hablar largo y tendido sobre el problema de alcoholismo para los mexicanos en su conjunto. Quizá ha llegado una invaluable oportunidad para debatir sobre la problemática y convertirnos en una mejor nación, una nación que adquiera conciencia de sus enfermedades crónicas y que empiece a debatir sobre cómo combatirlas de manera humana y eficiente.  En fin...

Felipe, te deseo lo mejor, sinceramente. Recibe un fuerte abrazo.

- Dr. Cano