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viernes, 11 de noviembre de 2011

El día en que Juan Pérez se convirtió en un inútil mental.

Por Gustavo Cano

La organización internacional Human Rights Watch (HRW) acaba de hacer público su reporte “Ni seguridad, ni derechos. Ejecuciones, desapariciones y tortura en la guerra contra el narcotráfico de México”.  Esta entrega tiene historia propia. En agosto de 2009 Calderón retó a HRW a que le mostrara un solo caso de violaciones a los derechos humanos. HRW regresa dos años después con una respuesta contundente y documentada: miembros de las fuerzas de seguridad habrían participado en más de 170 casos de tortura, 39 desaparecidos y 24 ejecuciones extrajudiciales desde que Calderón asumió la presidencia en diciembre de 2006. En realidad, la probada violación a los derechos humanos por parte del Estado mexicano es tan sólo la puntita del iceberg.
Hay quienes defienden las políticas públicas de Calderón en lo relativo al combate contra el narcotráfico. A algunos les pagan por hacer eso, como a los miembros de su gabinete. Otros lo hacen por gusto y otros por ingenuos. No problem, cada quién es libre de decir lo que quiera o pueda al respecto. En realidad creo que todo comienza con qué tipo de pregunta están lidiando los defensores del presidente. ¿Es Felipe culpable o responsable de todo este relajito que ya causó alrededor de 40,000 muertos? En lo personal creo que Felipe no es culpable de nada, pero es responsable de muchas cosas…
Responsable de sus políticas de seguridad pública ¿ante quién? Y es aquí donde las cosas se ponen interesantes: ante los que pagan impuestos. El presidente es mi empleado porque yo pago impuestos. De hecho, cualquier funcionario público es mi empleado: los jueces, los burócratas, los presidentes municipales, los gobernadores, los militares, las policías, los diputados, los senadores, etc. Yo no nada más puedo, sino que les debo exigir a mis empleados que hagan bien la chamba.  Si no la pueden hacer, bueno, que se hagan a un lado y dejen que otros que sí pueden con la chamba la hagan.
Ojalá todo fuese tan fácil. En primer lugar, no más del 35% de los mexicanos pagan impuestos, ya sea porque los evaden o porque pertenecen a la economía informal, producto, eso sí, de malas políticas económicas de fortalecimiento de mercados internos, como han caracterizado al México neoliberal y monopólico de los últimos casi treinta años. Luego están los argumentos de defensa de las políticas del presidente. Están los argumentos que se basan en el supuesto de que el presidente posee poderes multidimensionales y se mueve sin empacho en realidades y tiempos de mundos paralelos en el plano del hubiera-jamás: que estaríamos peor si no se hubiera hecho lo que se hizo, que el presidente puede leer la mente de los priistas y que estos ya están listos para pactar con el narco (y éstos, de manera increíble, reaccionan como si el presidente en realidad le hubiera adivinado el pensamiento), que los narcos ya estarían controlando todo México si no se les hubiera combatido como se les ha combatido…
Mi defensa favorita es la defensa del inútil mental: la gente dice que un día, en el vecindario de Juan Pérez, empezaron a florecer actos de delincuencia. Juan Pérez y vecinos deciden contratar a alguien para que ponga en orden nuevamente al vecindario. Este nuevo empleado le dice a Juan Pérez que va a limpiar el vecindario, pero que en un descuido lo mata a él o a varios vecinos en el proceso. Juan dice que adelante, que no hay problema. Después de casi cinco años, el vecindario se convierte en campo de batalla, hay muertos por todos lados, accidentes aéreos al por mayor, y entre los muertos hay uno que otro pariente y amigos de Juan. Los vecinos deciden volverse a juntar para discutir qué se va a hacer con el peligroso empleado. A la mitad de la junta Juan se levanta y defiende a éste, diciendo que el empleado advirtió en un principio claramente que algunos miembros del vecindario iban a morir en el proceso. En ese momento el consenso indicaba que Juan Pérez se había convertido en un inútil mental.
Hay gente que defiende al presidente diciendo que él nos advirtió sobre lo que se avecinaba. En abril de 2007, Felipe declara: “ [El problema del narcotráfico] es un problema tan arraigado en nuestro país y tiene tan hondas raíces que requiere tiempo, tomará mucho tiempo, tomará recursos económicos, importantes recursos económicos, lo que toma una guerra de esta dimensión, costará, como ha venido costando desde hace dos años y seguirá haciéndolo, por desgracias, vidas humanas”.
No comments.
En noviembre de 2011, ante el reporte de HRW, Felipe menciona que la principal amenaza para los derechos humanos de los mexicanos son los criminales. Señor presidente, por definición, los derechos humanos sólo pueden ser violados por las autoridades gubernamentales. Evitar que las organizaciones criminales ejerzan actos de delincuencia contra la ciudadanía, esa es labor de las autoridades gubernamentales. Si en el transcurso de su chamba, señor presidente, las autoridades gubernamentales violan los derechos humanos, entonces estamos peor, también por definición: los niveles de delincuencia no bajan, ni se ha logrado disminuir la violencia; pero ahora hay que cargar con el problema señalado y demostrado por HRW.
El subsecretario de gobernación Felipe Zamora, unas cuantas horas antes de su lamentablemente muerte junto con el secretario de gobernación Blake, había declarado en relación al asunto de HRW que “En México no estamos en guerra. El combate a la criminalidad que estamos realizando es precisamente para restablecer  el estado de derecho que garantiza los derechos y libertades de todos”.
No señor presidente: yo no pago impuestos para que me digan que en un descuido me matan cuando usted está tratando de hacer su chamba y que usted ya lo había advertido. Yo pago impuestos para ser feliz. Para que el sistema de justicia funcione y funcione bien. Para que los niños puedan tomar clase sin que se tengan que aventar al suelo cada vez que quedan atrapados en fuego cruzado. Para que las autoridades no violen los derechos humanos, ni una sola vez, ni sean corruptas, ni se contradigan de forma fragante en sus declaraciones, ni nos traten como a Juan Pérez, etc.
Críticas aparte, mis condolencias al presidente por la pérdida de dos secretarios de gobernación durante lo que va de su administración.

domingo, 25 de septiembre de 2011

La Guerra Mexicana Contra el Narco no Está Perdida

Por Alexei Andrade
Relaciones Internacionales- UDLAP.

La guerra mexicana contra el narcotráfico no está perdida porque hay elementos tanto en el gobierno federal como en los carteles  de la droga que permiten concluir que, hasta el momento, no hay un ganador definido. 

     Ambos bandos tienen una capacidad de fuerza, tienen un apoyo social y elementos transnacionales (el narcotráfico es transnacional y el combate al narcotráfico es transnacional). El gobierno federal y los carteles tienen estos elementos con diferentes proporciones y matices.

ELEMENTOS COMPARATIVOS
Características Transnacionales: Los carteles se encuentran en todos los estados del mundo y siguen una división de labores entre todos: países productores de drogas, países donde transita las drogas y países receptores de drogas (mercado consumidor). En México los carteles de la droga combaten contra el Estado Mexicano; en esta lucha están divididos. Cada cartel, además de combatir al gobierno federal, lucha contra el resto de los carteles: dos frentes de lucha al mismo tiempo.

Capacidad de fuerza: Los carteles poseen armas, entrenamiento, inteligencia, infiltrados en el Estado. El Estado Mexicano tiene un ejército con una capacidad mayor que la de los narcotraficantes, pero no está entrenado para combatir un crimen organizado que lucha como una guerrilla: sin reglas, dispersos, sin bases fijas.

Apoyo Social: Los cárteles de las drogas tienen un apoyo social focalizado en la ganancia económica social de las actividades ilegales. No tienen un apoyo moral de la sociedad. El Estado Mexicano ha perdido el apoyo de la sociedad constantemente; se le culpa de los muertos por haber iniciado la guerra, no por que el gobierno mate civiles.

POTENCIAL PARA GANAR
     Los cárteles tienen armas y preparación paramilitar. El Estado mexicano tiene un ejército con armas y preparación militar el cual solo fue entrenado para una guerra clásica, no para ataques de guerrilla como los que hace el narcotráfico. Sin embargo, la balanza se inclina a favor del Estado mexicano en este punto: el día de hoy, el ejercito tiene sus divisiones internas y armas no actualizadas, pero es cuestión de tiempo para que se recuperen y superen  a los cárteles, pues se cuenta con apoyo de la potencia número uno del mundo: Estados Unidos, quienes apoyan con inteligencia y equipo militar al ejercito mexicano.

     EUA es un actor de muchos a nivel internacional; a la lucha mexicana se le puede sumar otro estado en el futuro, será cosa que el gobierno mexicano lo contemple aprovechando que el combate al narcotráfico es transnacional: hay actores, hay acciones y una agenda. Sólo falta una mayor coordinación y un plan transnacional bien estructurado. En el tema de apoyo transnacional, los carteles están divididos y no cuentan con un apoyo tan bien estructurado como cualquier estado; no se apoyan en estados sino en otras organizaciones criminales.

     Ambos bandos están desgastados, sin embargo, el Estado mexicano siempre tendrá más recursos. Los narcos sólo pueden financiarse a través de sus ganancias, lavado de dinero. El gobierno federal se asigna un presupuesto para el combate al narcotráfico; si llegase a necesitar más recursos económicos, sin duda alguna recurriría a endeudarse al Fondo Montetario Internacional y pediría préstamos a otros estados. 

     En lo militar, el estado mexicano cuenta con el respaldo total de los Estados Unidos de América. Los elementos que han fallado en esta lucha pueden superarse: coordinación, inteligencia, financiamiento, armas son cuestiones que pueden mejorarse con el tiempo y creatividad.

miércoles, 4 de mayo de 2011

Negociar o no negociar, ¿he ahí el dilema?

Ante la pregunta de si se debe o no negociar con el narco el fin de la guerra se plantean dos alternativas: unos dicen que sí y otros dicen que no.
Los que dicen que “no” argumentan: No vale la pena negociar con criminales, eso nunca se hace. Si alguien me roba o secuestra o mata a un pariente ¡qué voy a andar negociando! Al contrario, apelo al contrato sociedad-gobierno en el Estado y llevo a los criminales ante la justicia. Además, que el criminal lo único que hace es dañar a la sociedad y al negociar estoy recompensando dicha actitud y estoy enviando la señal incorrecta: “actúa de manera criminal y serás perdonado tarde que temprano”.
Los que dicen que “sí” exponen lo siguiente: esto es una guerra que ya ha cobrado casi 40,000 muertos. El daño que esto está causando al tejido social y al contrato sociedad-gobierno es incalculable, el Estado se está desmoronando. En cualquier guerra, incluso en las que hay ganadores claros, siempre hay negociaciones al final. El principal problema es la capacidad de infiltración del narco en las instancias gubernamentales, sobre todo en las encargadas de administrar la justicia. Dicha infiltración es imposible de perseguir bajo las actuales circunstancias. La guerra debe finalizar para poder reconstruir la relación gobierno-sociedad.
Sobre el primer bloque de argumentos se podría decir que el problema va más allá de una bola de criminales haciendo de las suyas y luego las autoridades y la sociedad actuando en su conjunto para acabar con el problema. La situación es más complicada que eso. Uno de los grandes problemas de esta guerra es que el enemigo se identifica con o coopta plenamente a las autoridades que deberían perseguirlo. Ojalá todo fuese tan sencillo y se pudiese seguir sin problema alguno el consejo de Calderón de decir ¡ya basta! a los criminales y santo remedio. En la mayor parte de los estados de la república hay autoridades que trabajan para el narco y por más que les digan que ya basta, pues las atrocidades siguen sin una motivación real de cambio.     
Por otra parte, esto no es un problema de administración de justicia, esto es una guerra y cualquiera de los habitantes de este país puede ser una baja, ya sea objetiva o colateral. En una guerra la paz se negocia, es una de las características esenciales de cualquier conflicto bélico. El principal argumento en contra de este planteamiento es que de todas maneras, para donde se muevan las cosas, se va a tener que negociar, y qué mejor hacerlo ahora y no cuando lleguemos a 100,000 muertos.
En relación a la segunda postura, pues hay que pensar qué tipo de negociación se puede llevar a cabo y bajo qué circunstancias se podría obtener una negociación óptima. El gobierno mexicano puede declarar victoria, con o sin el aval del gobierno norteamericano, decir que ya se acabó el problema y que de ahora en adelante el asunto queda en manos de las policías estatales o el famoso mando único; en realidad eso es lo de menos. Esto sólo se lograría pactando con la mayor parte de los cárteles mexicanos. La columna vertebral del pacto sería que Estados Unidos combata al narcotráfico en territorio norteamericano, que los grupos de narcotraficantes se encargasen de acabar con el crimen organizado que se ha generalizado en el país y que el ejército regrese a las barracas.  Esto tan solo sería el comienzo.
El problema con la segunda postura es que no hay garantía de que los narcos lleguen a cumplir su palabra, sobre todo si es cierta la percepción del 60% de los mexicanos de que el narco es el que va ganando la guerra. También se pone en duda de que todos los grupos del narco quieran formar parte de esta negociación. Los grupos del narco que controlan las fronteras con los E.U. serían los más propicios de entrar en la negociación, ya que sus beneficios serían inmediatos, pero otros grupos les daría lo mismo negociar que no negociar; así que mejor no negociar, ¿para qué arriesgar lo que se tiene ya ganado? 
En contra de la negociación estaría la postura del gobierno norteamericano que, en lugar de ver por el bienestar de su ciudadanía que cuenta con altos índices de drogadicción y atender sus problemas al respecto de la manera más efectiva, pues se empecina en resolver sus problemas mediante el combate a la oferta a través de una cínica transferencia de costos de guerra a países de tercer mundo, en este caso Colombia y México.
La suspensión de la guerra en México, negociada o no, parece ser la estrategia dominante. Que Estados Unidos resuelva sus propios problemas, que el gobierno norteamericano le responda a sus contribuyentes con lo que quiera: con programas masivos de educación y reestructuraciones institucionales al respecto (¿si ha funcionado con el alcohol y el tabaco, por qué no con las demás substancias adictivas?), con la legalización de la droga, sacando a la Guardia Nacional en sus propias calles… Pero no más muertos en México.  Actualmente el gobierno mexicano puede tomar la iniciativa de poner fin a la matanza. Después quién sabe, a lo mejor después lo único que funcionaría y ciertamente no para bien, sería un régimen militar que de todas maneras acabe negociando el fin de la guerra, pero que marque la muerte de nuestra incipiente democracia…
Todavía se está a tiempo de evitar más muertes y salvar a nuestra democracia de este endemoniado experimento norteamericano con cabezas mexicanas. De todas maneras, el problema de las adicciones nunca se va a acabar. Siempre va a haber una oferta y una demanda para las substancias adictivas, legales o no, primer mundo o no. Ingenuo aquél que piense lo contrario: nada más hay que revisar la historia de la humanidad de los últimos cinco mil años al respecto…
Dr. Cano

martes, 12 de abril de 2011

¿Cómo pelear la guerra contra el narco en México?

Últimamente la ofensiva que declaró el gobierno mexicano contra el crimen organizado ha adquirido tintes cada vez más sangrientos, ya que esta misma “guerra” como se le ha denominado, ha cobrado más de 35 mil muertos hasta la fecha[1], teniendo esto en mente, ¿es prudente que las autoridades continúen con esta estrategia? Bueno la verdad es que no sabemos si un cambio de estrategia a estas alturas va hacer que los grupos criminales reduzcan la violencia en las calles.

Sinceramente yo ya estoy harto de que en las noticias se hable una de que se han descubierto fosas con cadáveres de jóvenes, los cuales son casi imposibles identificar[2]. Incluso sabemos que muchas de las muertes han sido ocasionadas por el fuego cruzado entre las autoridades y los criminales[3], pareciese que estamos en el viejo oeste.

¿Entonces que debería hacer nuestro gobierno? Se que yo no voy a dar la solución absoluta para frenar el desangramiento de nuestro país, pero por lo menos puedo mencionar algunas alternativas que se pueden seguir a partir de los recursos y la estrategia que se tiene. Definitivamente hay que sacar al ejército de las calles, no podemos utilizar a los soldados como fuerza policiaca, ni siquiera sabemos como se desempeñaría en una guerra contra otro estado. Además de esto contamos con una policía obsoleta, con salarios bastante bajos, y que incluso ya ha sido cooptada por organizaciones criminales[4].

Como ya había mencionado, creo que la estrategia actual, a través del uso de la violencia estatal puede ser efectiva, pero definitivamente necesita muchos cambios. Primero quitemos el nombre de guerra, porque al fin y al cabo, los efectivos del crimen organizado siguen siendo ciudadanos mexicanos. Otro punto, es llevar a los soldados a las barracas, antes de que se conviertan en una amenaza mayor para la ciudadanía. La policía se debe de renovar, no nos podemos arriesgar a que individuos que no cuentan con una base ideológica, tengan la oportunidad de utilizar armas.

Es por eso, que yo propondría que a los miembros de la policía, específicamente de seguridad pública, sean entrenados para poder someter criminales pero definitivamente no deben portar armas de asalto, ya que no podemos saber si van a ser suficientemente confiables para encargarles la lucha contra el crimen organizado. Por otro lado se debe constituir una rama de fuerzas especiales contra el narcotráfico que no solo se basen en violencia, sino que busquen a través de la ley, la política y la economía, frenar a los delincuentes, personas cuyo sistema de creencias haya sido formado de tal manera de que sean incorruptibles.

Como conclusión, no debemos darle un lugar al narcotráfico en nuestra sociedad, debemos de eliminar su influencia en nuestros jóvenes, hay que tratarlos como lo criminales que son. Por el contrario debemos de crear una nueva identidad para que los mexicanos se sientan orgullosos, la cual no nada más nos haga ver como una nación unida, sino fuerte ante los demás estados, y demostrar que podemos solucionar los problemas que atañan a nuestra patria.         
 

José Antonio Ramírez Yacotú Sierra
Ciencia Política
Universidad de la Américas Puebla    

[1] Alberto Nájar, “La estrategia mexicana contra narcoviolencia, a examen”, BBC Mundo (8 de Abril de 2011) Disponible en http://www.bbc.co.uk/mundo/noticias/2011/04/110408_mexico_narco_violencia_estrategia_nc.shtml
[2] William Booth, “More missing found in Mexico´s mass graves “, The Washington Post (8 de Abril de 2011) Disponible en http://www.washingtonpost.com/world/more-missing-found-in-mexicos-mass-graves/2011/04/08/AFIvEv3C_story.html
[3]Redacción,  “Muere niño de 4 años alcanzado por fuego cruzado en Nayarit”, La Jornada (17 de Marzo de 2011) Disponible en http://www.jornada.unam.mx/2011/03/17/index.php?section=politica&article=013n1pol
[4] Julieta Martínez, “Capturan por nexos con narco a 56 agentes”, El Universal (30 de Julio de 2010) Disponible en
http://www.eluniversal.com.mx/estados/77147.html

martes, 8 de marzo de 2011

Escúchanos compadre

Las consecuencias de WikiLeaks no terminan de darnos sorpresas, y esta vez le tocó el turno a México, concretamente al presidente Felipe Calderón Hinojosa y al ejército mexicano.  Desde diciembre del 2010 se filtró un cable supuestamente proveniente del embajador de Estados Unidos en México, Carlos Pascual, que hace referencia a las “debilidades” del ejército mexicano. En éste se describía que el ejército mexicano “tiene una nula preparación, es lento, sufre aversión al riesgo, está dividido y no es una garantía en la lucha contra el crimen organizado que emprendió el gobierno del Presidente, Felipe Calderón.”[1]

“No me ayudes compadre” fue la respuesta del presidente mexicano cuando periodistas estadounidenses le preguntaron sobre este tema mientras daba una conferencia de prensa por su visita al vecino país la semana pasada. Y para no quedarse atrás y mostrar que “tiene” una buena relación con Obama, agregó que hablaría con el presidente estadounidense para valorar (o más bien quejarse de) las acciones del embajador. Pero oh sorpresa, el pobre FCH se tuvo que quedar con sus quejas porque sí, el Embajador Pascual se queda.  Philip Crowley (Secretario adjunto de Asuntos Públicos del gobierno estadounidense) calificó de ‘“excelente” la labor de Pascual y su equipo en defensa de los intereses nacionales estadounidenses”’ [2] y agregó “nos esforzamos con México en los temas de seguridad que nos preocupan a ambos y reconocemos el peso extraordinario que recae sobre las instituciones mexicanas.”’[3]

Honestamente, ¿qué esperaba el presidente Calderón? ¿Realmente creía que Obama destituiría a Pascual sólo por reportar una clara verdad? No me malinterprete, tengo esperanzas de que no todos los miembros del ejército sean como los describe Pascual, de verdad lo espero, pero con 34 mil muertos en los que va del sexenio de FCH, ¿qué se puede pensar? El comportamiento del Presidente Calderón no fue una simple reacción en defensa de la soberanía nacional e institucional; lo que realmente significó fue un malestar por la crítica directa que se hace a su política de seguridad. El Embajador Pascual puso en “evidencia oficial” la falla de la política anti-crimen del gobierno federal, situación que claramente molestó a FCH porque éstas declaraciones legitiman las voces mexicanas que protestan diariamente contra la política de seguridad federal.

Si bien Estados Unidos no tiene que andar opinando sobre nuestras instituciones, las afirmaciones evidencian el clamor general. ¿Acaso no todos pensamos lo mismo que concluyó Pascual? Miles de mexicanos seguimos quejándonos de las acciones militares, de sus errores y del estado de caos que lejos de controlar  han aumentado. Y ¿qué ha hecho el presidente? Nada. Pareciera que ante las quejas ciudadanas se hace el sordo. La diferencia que hace que la crítica venga desde afuera, ¿cierto? ¿Cuándo seremos escuchados los ciudadanos? ¿Tenemos que esperar otro informe que hable de las fallas políticas y haga enojar a nuestro presidente? Los políticos olvidan que no fueron fuerzas internacionales los que los hicieron llegar al poder, fuimos los millones de ciudadanos que votamos y que alguna vez creímos en ellos. Así, nuestro clamor es “escúchanos compadre”, escúchanos Felipe Calderón Hinojosa. En estos 4 años van más de 34 mil muertes, y ¿es posible que usted señor presidente aún se sorprenda por las declaraciones del Embajador? Seamos prácticos, las declaraciones simplemente reflejan la realidad. Ya no andemos dándonos de topes y mejor acepte que las cosas se han salido de sus manos. Sí, defendamos la soberanía nacional pero aceptemos las graves fallas que tienen algunas instituciones mexicanas.

Ana Karen Mendoza Montealegre
Ciencia Política
Universidad de las Américas, Puebla


[1] Ana Anabitarte, “El ejército es lento y mal preparado”, El Universal ( 3 de diciembre de 2010). Disponible en : (http://www.eluniversal.com.mx/nacion/182233.html
[2] Milenio, “Pascual se queda, pese a malestar de Calderón: EU”, Milenio (5 de marzo de 2011) Disponible en: (http://www.milenio.com/node/662468).
[3] Ibid

miércoles, 9 de febrero de 2011

Una de dos

¿El presidente Calderón sufre o no de la enfermedad del alcoholismo?

Una de dos: Felipe es o no es alcohólico. Si no lo es, perfecto, a otra cosa mariposa y se sugiere al amable lector que se vaya de una vez a leer otro blog. También el despido de Aristegui queda fuera de discusión y la irritada reacción de ciertos diputados cada vez que les saquen una manta alusiva al tema en mero pleno de la Cámara, pues ni viene al caso, pura pérdida de tiempo, como si no tuvieran nada mejor que hacer. Si sí lo es, entonces la pregunta cambia.

Bajo el supuesto de que Calderón sea un alcohólico, la pregunta entonces sería: ¿es un asunto personal o público?  

Una de dos: es asunto público o es personal. Desde el punto de vista humano, el presidente es libre de ser lo que pueda o quiera ser y su vida privada o sus enfermedades no le incumbe absolutamente a nadie. Pero el presidente es una figura pública y lo crónico de sus enfermedades puede afectar el destino de 110 millones de mexicanos en un momento dado.

Bajo el supuesto de que el asunto no es personal, sino de interés público, la siguiente pregunta sería: ¿qué tan grave es que el presidente sea un alcohólico?

Una de dos: es grave o no lo es. Y aquí vienen las complicaciones. Uno se puede imaginar las presiones que un alto funcionario de este tipo enfrenta de manera cotidiana. Un ejemplo hipotético sería el siguiente: el gobierno norteamericano le arrebata la seguridad nacional de las manos al presidente y lanza direcciones sobre lo que deben o no hacer la armada y marina mexicanas en la lucha contra el narco con el objetivo de que el norteamericano promedio ya no se drogue y de repente amanecemos todos los mexicanos con 35,000 muertos. Y los norteamericanos, quitados de la pena, siguen drogándose… La presión supongo que es enorme y el alcohol puede presentarse como una puerta falsa para sobrellevar la situación.

Bajo el supuesto de que el alcohol sea una tentadora herramienta para sobrellevar la situación, surge la pregunta: ¿el alcoholismo tiene remedio?

Una de dos: tiene o no tiene remedio. Pues con la novedad de que no tiene remedio. Una vez que se adquiere la enfermedad no hay cura. ¿Se puede tener una vida normal una vez que se adquiere? Claro que sí. Programas de doce pasos como Alcohólicos Anónimos o tratamientos especializados en clínicas de recuperación o idas con el psicólogo o el psiquiatra... de que ayudan, ayudan. El alcohólico puede convertirse en un alcohólico pasivo (que ya no bebe, pero en su conducta puede seguir siendo un alcohólico) y, si tiene suerte, puede desarrollar su recuperación a tres niveles: el físico, el espiritual y el emocional. ¿Pero entonces qué tan grave es el alcoholismo del presidente, bajo el supuesto de que sufra de esta enfermedad? Eso es asunto del enfermo desde una perspectiva estrictamente privada. Desde una perspectiva pública, se puede pensar que si la situación alcanza las dimensiones de Yeltsin en sus momentos más críticos a cargo de la Federación Rusa, pues el asunto es muy, pero muy grave. Quién sabe…

¿Qué tan grave es la situación entonces?

Una de dos, es grave o no lo es. Esto es muy relativo. Ciertamente no sería el primer presidente alcohólico, ni el primer político mexicano alcohólico (¡por el amor de dios!). Es un ser humano y el alcoholismo no distingue ni condición social, ni estatus económico, ni sexo o edad, ni posición ideológica. Ataca parejo. En una nota de El Universal (22 agosto, 2010) se afirma que hay 6 millones de alcohólicos en México; que cada año 1.7 millones de mexicanos incrementan las filas del alcoholismo (!); que el 57% de los suicidios están relacionados con bebidas embriagantes; que se pierden 160,000 horas hombre de trabajo quincenalmente y que el 36% de los delitos se relacionan con las bebidas alcohólicas.  De acuerdo al Centro de Integración Juvenil (Octubre 2010), la edad promedio a la que los jóvenes mexicanos comienzan a consumir alcohol es de 14 años y se calcula que tres millones de adolescentes tienen problemas de alcoholismo. México tiene un fuerte problema de consumo de alcohol y el presidente simplemente sería un número más en el problema.

Quizá ha llegado el momento de hablar largo y tendido sobre el problema de alcoholismo para los mexicanos en su conjunto. Quizá ha llegado una invaluable oportunidad para debatir sobre la problemática y convertirnos en una mejor nación, una nación que adquiera conciencia de sus enfermedades crónicas y que empiece a debatir sobre cómo combatirlas de manera humana y eficiente.  En fin...

Felipe, te deseo lo mejor, sinceramente. Recibe un fuerte abrazo.

- Dr. Cano