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martes, 18 de octubre de 2011

Regresando a casa

Por José Antonio Ramírez Yacotú Sierra
Ciencia Política
UDLAP

En los últimos días, la política norteamericana se ha concentrado en señalar la importancia de la carrera por la candidatura del partido republicano y por el proceso de campaña que ha seguido el Presidente Obama para lograr su reelección. Pero creo realmente que la política norteamericana ha olvidado a aquellos que han sacrificado su seguridad y su vida para defender lo que en algún momento se llamo el “estilo de vida norteamericano”, me refiero a los soldados que se encuentran comisionados en Afganistán e Irak. Menciono esto porque el pasado lunes decidí revisar los nombres de los soldados caídos en acción (Killed In Action) y me llamó la atención el hecho de que muchos de estos hombres y mujeres tenían una edad similar a la mía cuando fallecieron, esto realmente me hizo pensar en las razones por las cuales estos jóvenes decidieron sacrificar su vida; mejorar su futuro, alcanzar ciudadanía norteamericana para ellos y sus familias, conseguir una oportunidad para estudiar la universidad, enorgullecer a sus familias, etc. Pero al final no hay manera de describir todas las razones, pero lo que sí se puede mencionar es que tienen la suficiente valentía y coraje para ir al frente, y vivir y morir por sus ideales.

Pero esto ¿qué tiene que ver con la política norteamericana? Bueno, el regreso de las tropas se ha vuelto una de las principales promesas de campaña desde que el Presidente George W. Bush ocupaba este cargo. Y de cierta manera les Estados Unidos de American han retirado muchos de sus soldados del frente de combate, pero he aquí el verdadero problema norteamericano, estos hombres y mujeres son héroes y se les debe tratar como lo que son, y desgraciadamente el gobierno norteamericano no lo ha hecho.

Se sabe que debido a su entrenamiento y su forma de vida, los soldados presentan trastornos de comportamiento relacionados a la gran cantidad de estrés, falta de sueño y el constante peligro, debido a esto se hace increíblemente difícil que se adapten a la vida civil, y es por eso que se les debería aportar los merecidos cuidados médicos, apoyo económico, apoyo para conseguir un trabajo bien remunerado y en el caso de aquellos que realizaron el máximo sacrificio por su país y murieron el combate, el gobierno está obligado, no solo por principios legales sino por principios morales a aportar todo el apoyo necesario para las familias de los héroes caídos.

No obstante, el gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica ha decidido que el problema de los soldados que regresan a casa debe de ser escondido detrás de imágenes de patriotismo como lo son las ceremonias de bienvenida en los aeropuertos de la nación, pero desgraciadamente para los políticos norteamericanos, el regreso de los héroes no es siempre agradable, debemos recordar que muchos de los soldados regresan en ataúdes cubiertos por la bandera de las barras y las estrellas, y que sus funerales lo único que se les da a sus familias es una bandera doblada y una frase “esta bandera es presentada en nombre de una nación agradecida, como prueba de nuestro aprecio por el servicio honorable y fiel que su ser amado a rendido”[1]. Espero sinceramente que en las futuras elecciones, cuando el candidato por el partido republicano y el candidato por el partido demócrata hagan campaña no olviden a aquellos hombres y mujeres que hacen que los Estados Unidos sean conocidos como el “hogar de los valientes”.


[1] FAQ´s, Oregon´s Military Funeral Honors Program, disponible en http://www.mil.state.or.us/OMFH/FAQs.htm#FH5

martes, 11 de octubre de 2011

Estados Unidos el país más poderoso del mundo

Por: Cristina Juárez
Ciencia Política - UDLAP
Cuando la sociedad internacional se refiere a los Estados Unidos, se refiere al país más poderoso del mundo. En cambio, el país vecino México, cuando se habla de los Estados Unidos implica muchas cosas y no del todo cosas buenas. 
Los Estados Unidos a lo largo de la historia se han caracterizado por su gran economía y por presentar una sociedad activa dentro de los asuntos del gobierno, por lo que poco a poco lo ha llevado a ser el país que hasta ahora son.
Estados Unidos ha mantenido sus valores en alto y sobre todo ha utilizando el mecanismo de defensa que es la fuerza militar, para poder desarrollarse como una nación grande y fuerte. Por lo que, las políticas que se han utilizado a lo largo de la historia, han llevado al país a tener una gran influencia sobre otros Estados, que a la vez son utilizados para cubrir ciertos intereses del propio país.
La democracia ha sido el principal valor de los Estados Unidos, y como muestra de ello, lo podemos ver a lo largo de las guerras que se han  desenvuelto y que los estadounidenses se han visto envueltos, para siempre proteger sus valores democráticos en contra de los antidemocráticos. Pero, ésta es la visión que hacen ver a toda la sociedad internacional, cuando de manera indirecta existen otros intereses de por medio que hacen la suma del poderío estadounidense.
Hoy 2011, los Estados Unidos han tenido grandes cambios  tanto en la cultura como en la propia política nacional, un claro ejemplo es el actual presidente Barack Obama y lo que su color de piel ha significado a todo el pueblo estadounidense. Por lo tanto, los Estados Unidos  actualmente sigue resintiendo lo que desde el periodo de Bush han soportado que es la lucha contra el terrorismo y la gran caída de la economía. Por lo que, desde mi punto de vista, los Estados Unidos es una nación que está perfectamente diseñada en todos los sentidos, y ello lo podemos ver reflejado en el actuar de los ciudadanos  y en el propio sistema que los motiva a tener ese sentimiento nacionalista. Pero, la actual desestabilización económica, ha implicado muchas cosas para el país. A lo largo de la historia, han caído imperios, grandes economías o exitosas civilizaciones.
Por lo que, Estados unidos está pasando por una serie de factores que se parecen a los propios que otras sociedades ya han experimentado. Los ataques terroristas del 11 de septiembre, pudieron significar la perdición de la nación estadounidense, por las acciones que el ex presidente George W. Bush estaba tomando, como invertir demasiado dinero en el ámbito militar y la  invasión a Irak. La económica de los Estados Unidos se veía afectada cada vez más, después de venir de un gran auge económico. Ahora, la sociedad capitalista implica estar en un ciclo donde a veces estas arriba y otras abajo. Así, los Estados Unidos es una nación fuerte hoy en día, pero con una economía que está cayendo poco a poco, lo que implica que a los estadounidenses les esperan muchas sorpresas tanto los próximos años y las próximas elecciones. A Estados Unidos le espera una gran incertidumbre en materia económica y con ello se ve reflejado como va decayendo  su poderío. Lo que nos hace pensar a toda la sociedad internacional ¿Quién será el próximo hegemon en el mundo?

domingo, 25 de septiembre de 2011

La Guerra Mexicana Contra el Narco no Está Perdida

Por Alexei Andrade
Relaciones Internacionales- UDLAP.

La guerra mexicana contra el narcotráfico no está perdida porque hay elementos tanto en el gobierno federal como en los carteles  de la droga que permiten concluir que, hasta el momento, no hay un ganador definido. 

     Ambos bandos tienen una capacidad de fuerza, tienen un apoyo social y elementos transnacionales (el narcotráfico es transnacional y el combate al narcotráfico es transnacional). El gobierno federal y los carteles tienen estos elementos con diferentes proporciones y matices.

ELEMENTOS COMPARATIVOS
Características Transnacionales: Los carteles se encuentran en todos los estados del mundo y siguen una división de labores entre todos: países productores de drogas, países donde transita las drogas y países receptores de drogas (mercado consumidor). En México los carteles de la droga combaten contra el Estado Mexicano; en esta lucha están divididos. Cada cartel, además de combatir al gobierno federal, lucha contra el resto de los carteles: dos frentes de lucha al mismo tiempo.

Capacidad de fuerza: Los carteles poseen armas, entrenamiento, inteligencia, infiltrados en el Estado. El Estado Mexicano tiene un ejército con una capacidad mayor que la de los narcotraficantes, pero no está entrenado para combatir un crimen organizado que lucha como una guerrilla: sin reglas, dispersos, sin bases fijas.

Apoyo Social: Los cárteles de las drogas tienen un apoyo social focalizado en la ganancia económica social de las actividades ilegales. No tienen un apoyo moral de la sociedad. El Estado Mexicano ha perdido el apoyo de la sociedad constantemente; se le culpa de los muertos por haber iniciado la guerra, no por que el gobierno mate civiles.

POTENCIAL PARA GANAR
     Los cárteles tienen armas y preparación paramilitar. El Estado mexicano tiene un ejército con armas y preparación militar el cual solo fue entrenado para una guerra clásica, no para ataques de guerrilla como los que hace el narcotráfico. Sin embargo, la balanza se inclina a favor del Estado mexicano en este punto: el día de hoy, el ejercito tiene sus divisiones internas y armas no actualizadas, pero es cuestión de tiempo para que se recuperen y superen  a los cárteles, pues se cuenta con apoyo de la potencia número uno del mundo: Estados Unidos, quienes apoyan con inteligencia y equipo militar al ejercito mexicano.

     EUA es un actor de muchos a nivel internacional; a la lucha mexicana se le puede sumar otro estado en el futuro, será cosa que el gobierno mexicano lo contemple aprovechando que el combate al narcotráfico es transnacional: hay actores, hay acciones y una agenda. Sólo falta una mayor coordinación y un plan transnacional bien estructurado. En el tema de apoyo transnacional, los carteles están divididos y no cuentan con un apoyo tan bien estructurado como cualquier estado; no se apoyan en estados sino en otras organizaciones criminales.

     Ambos bandos están desgastados, sin embargo, el Estado mexicano siempre tendrá más recursos. Los narcos sólo pueden financiarse a través de sus ganancias, lavado de dinero. El gobierno federal se asigna un presupuesto para el combate al narcotráfico; si llegase a necesitar más recursos económicos, sin duda alguna recurriría a endeudarse al Fondo Montetario Internacional y pediría préstamos a otros estados. 

     En lo militar, el estado mexicano cuenta con el respaldo total de los Estados Unidos de América. Los elementos que han fallado en esta lucha pueden superarse: coordinación, inteligencia, financiamiento, armas son cuestiones que pueden mejorarse con el tiempo y creatividad.

miércoles, 4 de mayo de 2011

Negociar o no negociar, ¿he ahí el dilema?

Ante la pregunta de si se debe o no negociar con el narco el fin de la guerra se plantean dos alternativas: unos dicen que sí y otros dicen que no.
Los que dicen que “no” argumentan: No vale la pena negociar con criminales, eso nunca se hace. Si alguien me roba o secuestra o mata a un pariente ¡qué voy a andar negociando! Al contrario, apelo al contrato sociedad-gobierno en el Estado y llevo a los criminales ante la justicia. Además, que el criminal lo único que hace es dañar a la sociedad y al negociar estoy recompensando dicha actitud y estoy enviando la señal incorrecta: “actúa de manera criminal y serás perdonado tarde que temprano”.
Los que dicen que “sí” exponen lo siguiente: esto es una guerra que ya ha cobrado casi 40,000 muertos. El daño que esto está causando al tejido social y al contrato sociedad-gobierno es incalculable, el Estado se está desmoronando. En cualquier guerra, incluso en las que hay ganadores claros, siempre hay negociaciones al final. El principal problema es la capacidad de infiltración del narco en las instancias gubernamentales, sobre todo en las encargadas de administrar la justicia. Dicha infiltración es imposible de perseguir bajo las actuales circunstancias. La guerra debe finalizar para poder reconstruir la relación gobierno-sociedad.
Sobre el primer bloque de argumentos se podría decir que el problema va más allá de una bola de criminales haciendo de las suyas y luego las autoridades y la sociedad actuando en su conjunto para acabar con el problema. La situación es más complicada que eso. Uno de los grandes problemas de esta guerra es que el enemigo se identifica con o coopta plenamente a las autoridades que deberían perseguirlo. Ojalá todo fuese tan sencillo y se pudiese seguir sin problema alguno el consejo de Calderón de decir ¡ya basta! a los criminales y santo remedio. En la mayor parte de los estados de la república hay autoridades que trabajan para el narco y por más que les digan que ya basta, pues las atrocidades siguen sin una motivación real de cambio.     
Por otra parte, esto no es un problema de administración de justicia, esto es una guerra y cualquiera de los habitantes de este país puede ser una baja, ya sea objetiva o colateral. En una guerra la paz se negocia, es una de las características esenciales de cualquier conflicto bélico. El principal argumento en contra de este planteamiento es que de todas maneras, para donde se muevan las cosas, se va a tener que negociar, y qué mejor hacerlo ahora y no cuando lleguemos a 100,000 muertos.
En relación a la segunda postura, pues hay que pensar qué tipo de negociación se puede llevar a cabo y bajo qué circunstancias se podría obtener una negociación óptima. El gobierno mexicano puede declarar victoria, con o sin el aval del gobierno norteamericano, decir que ya se acabó el problema y que de ahora en adelante el asunto queda en manos de las policías estatales o el famoso mando único; en realidad eso es lo de menos. Esto sólo se lograría pactando con la mayor parte de los cárteles mexicanos. La columna vertebral del pacto sería que Estados Unidos combata al narcotráfico en territorio norteamericano, que los grupos de narcotraficantes se encargasen de acabar con el crimen organizado que se ha generalizado en el país y que el ejército regrese a las barracas.  Esto tan solo sería el comienzo.
El problema con la segunda postura es que no hay garantía de que los narcos lleguen a cumplir su palabra, sobre todo si es cierta la percepción del 60% de los mexicanos de que el narco es el que va ganando la guerra. También se pone en duda de que todos los grupos del narco quieran formar parte de esta negociación. Los grupos del narco que controlan las fronteras con los E.U. serían los más propicios de entrar en la negociación, ya que sus beneficios serían inmediatos, pero otros grupos les daría lo mismo negociar que no negociar; así que mejor no negociar, ¿para qué arriesgar lo que se tiene ya ganado? 
En contra de la negociación estaría la postura del gobierno norteamericano que, en lugar de ver por el bienestar de su ciudadanía que cuenta con altos índices de drogadicción y atender sus problemas al respecto de la manera más efectiva, pues se empecina en resolver sus problemas mediante el combate a la oferta a través de una cínica transferencia de costos de guerra a países de tercer mundo, en este caso Colombia y México.
La suspensión de la guerra en México, negociada o no, parece ser la estrategia dominante. Que Estados Unidos resuelva sus propios problemas, que el gobierno norteamericano le responda a sus contribuyentes con lo que quiera: con programas masivos de educación y reestructuraciones institucionales al respecto (¿si ha funcionado con el alcohol y el tabaco, por qué no con las demás substancias adictivas?), con la legalización de la droga, sacando a la Guardia Nacional en sus propias calles… Pero no más muertos en México.  Actualmente el gobierno mexicano puede tomar la iniciativa de poner fin a la matanza. Después quién sabe, a lo mejor después lo único que funcionaría y ciertamente no para bien, sería un régimen militar que de todas maneras acabe negociando el fin de la guerra, pero que marque la muerte de nuestra incipiente democracia…
Todavía se está a tiempo de evitar más muertes y salvar a nuestra democracia de este endemoniado experimento norteamericano con cabezas mexicanas. De todas maneras, el problema de las adicciones nunca se va a acabar. Siempre va a haber una oferta y una demanda para las substancias adictivas, legales o no, primer mundo o no. Ingenuo aquél que piense lo contrario: nada más hay que revisar la historia de la humanidad de los últimos cinco mil años al respecto…
Dr. Cano

Me declaro infeliz

Nunca falta algún ilustrado que hace comparaciones actualizadas sobre los diferentes niveles de violencia entre México y otras ciudades o países y llegan a la feliz conclusión de que podríamos estar peor. Valiente lío.
Se la pasan diciendo que Washington D.C., Nueva Orleans, Río de Janeiro, Iraq y Afganistán ya quisieran estar como México. Que los niveles de violencia en el país son mínimos comparados con estas apoteosis del exterminio sistemático de vidas en el mundo. Que si bien es cierto que el índice de asesinatos por cada cien mil habitantes se ha más que duplicado del 2008 al 2010, en realidad nos falta mucho para alcanzar niveles preocupantes de violencia… ¡Ándale pues!
En realidad ése es el problema: el incremento vertiginoso de la violencia en nuestro querido México. Hace algunos años no había fosas clandestinas, ni descabezados, ni descuartizados. Y si los había, eran una rareza, más que el común denominador de la violencia. Si uno compara números pelones, pues es posible que hasta acabe uno declarando loco al poeta por su coherente, desesperado y en extremo respetable esfuerzo para cambiar las cosas. Pero por ahí no va.
Reflexionemos. La violencia en el país hace alta y peligrosamente tolerable a la sociedad mexicana de conductas barbáricas y, lo que es peor, la acostumbra poco a poco a resignarse ante la evidente y generalizada falta de justicia: denunciar un pariente desparecido en el norte de la república no es recomendado por las propias autoridades, por la seguridad de la familia del desaparecido. A los muertos de la guerra contra el narco, el único acto de justicia que se les hace es enterrarlos.
Los niños mexicanos son las principales víctimas de esta espiral creciente de violencia institucionalizada. No hace mucho, los niños se la pasaban preocupándose por cosas banales, como si su equipo iba a ganar el campeonato de fútbol, o el subcampeonato en caso de irle al Cruz Azul. Veían caricaturas, jugaban con los amiguitos de la cuadra y algunos ya tenían que trabajar en la calle. Ahora, todos, sin excepción, consideran a la violencia como un aspecto cotidiano de su vida. Sin darse cuenta, la han integrado a su devenir y eso es más preocupante que cualquier otra estadística seria al respecto. En lugar de que la niñez mexicana se convierta en un garantizado guardián del futuro de la incipiente democracia mexicana, se transforma potencialmente en su peor enemigo al razonar que los conflictos se resuelven a punta de madrazos y que la democracia en realidad sirve para dos cosas: para nada y para lo mismo.
Pero el aspecto más importante de la manifestación generalizada y plena de la violencia es la erosión del Estado mexicano. Conforme el Estado oficial pierde el monopolio del uso legítimo de la violencia, el contrato social entre el gobierno y la sociedad pierde validez, se desmorona. Si antes uno pagaba impuestos para garantizar el funcionamiento y protección del gobierno ante la violencia ilegítima, pues ahora uno sigue pagando impuestos, pero no hay manera de ser protegido por el Estado mexicano ante cualquier amenaza o injusticia.
Uno en realidad queda en manos de dios. Lo cual no estaría tan mal, si no es porque uno también paga impuestos al narco, que se empieza a comportar como Estado. Los pagos se hacen más a la de fuerzas que a la de ganas bajo la forma de extorsiones, secuestros, asesinatos, incrementos de acciones criminales en las ciudades y en las carreteras, impartición generalizada de injusticia, altos niveles de corrupción de las autoridades, irrupción perjudicial en la actividad económica y en la vida política, etc. Al narco nomás le falta emitir pasaportes, de ahí en adelante, ya se comporta como Estado. El otro Estado mexicano, el que debería ser legítimo a todas luces, empieza a desvanecerse en la oscuridad del miedo de la ciudadanía. La sociedad mexicana, en los hechos, para sobrevivir, se ve obligada a pactar con los poseedores reales del uso de la violencia: el narco y el gobierno mexicano.
No sé si usted, apreciable lector,  pague impuestos para que le digan: “Ah, pero eso sí, en esta guerra va a haber muchos muertos a tu alrededor para protegerte de los que te quieren hacer daño y en un descuido te toca a ti… bajo advertencia no hay engaño.” Si alguien es feliz en un país que ya se acerca a los cuarenta mil muertos en una guerra que se va perdiendo un día a la vez, pues que dé un paso adelante. Yo no, yo pago impuestos para ser feliz. Y seré feliz en la medida de que ese dinero se use en mi persona, en mi comunidad, en mi ciudad, en mi país. No en balas, persecuciones letales, violaciones sistemáticas de derechos humanos y una galopante corrupción e impunidad de ciertos sectores gubernamentales, ni en intentos banales para que los ciudadanos norteamericanos dejen de drogarse. Bajo estas circunstancias, con mucho gusto me declaro infeliz.
Dr. Cano 

martes, 12 de abril de 2011

¿Cómo pelear la guerra contra el narco en México?

Últimamente la ofensiva que declaró el gobierno mexicano contra el crimen organizado ha adquirido tintes cada vez más sangrientos, ya que esta misma “guerra” como se le ha denominado, ha cobrado más de 35 mil muertos hasta la fecha[1], teniendo esto en mente, ¿es prudente que las autoridades continúen con esta estrategia? Bueno la verdad es que no sabemos si un cambio de estrategia a estas alturas va hacer que los grupos criminales reduzcan la violencia en las calles.

Sinceramente yo ya estoy harto de que en las noticias se hable una de que se han descubierto fosas con cadáveres de jóvenes, los cuales son casi imposibles identificar[2]. Incluso sabemos que muchas de las muertes han sido ocasionadas por el fuego cruzado entre las autoridades y los criminales[3], pareciese que estamos en el viejo oeste.

¿Entonces que debería hacer nuestro gobierno? Se que yo no voy a dar la solución absoluta para frenar el desangramiento de nuestro país, pero por lo menos puedo mencionar algunas alternativas que se pueden seguir a partir de los recursos y la estrategia que se tiene. Definitivamente hay que sacar al ejército de las calles, no podemos utilizar a los soldados como fuerza policiaca, ni siquiera sabemos como se desempeñaría en una guerra contra otro estado. Además de esto contamos con una policía obsoleta, con salarios bastante bajos, y que incluso ya ha sido cooptada por organizaciones criminales[4].

Como ya había mencionado, creo que la estrategia actual, a través del uso de la violencia estatal puede ser efectiva, pero definitivamente necesita muchos cambios. Primero quitemos el nombre de guerra, porque al fin y al cabo, los efectivos del crimen organizado siguen siendo ciudadanos mexicanos. Otro punto, es llevar a los soldados a las barracas, antes de que se conviertan en una amenaza mayor para la ciudadanía. La policía se debe de renovar, no nos podemos arriesgar a que individuos que no cuentan con una base ideológica, tengan la oportunidad de utilizar armas.

Es por eso, que yo propondría que a los miembros de la policía, específicamente de seguridad pública, sean entrenados para poder someter criminales pero definitivamente no deben portar armas de asalto, ya que no podemos saber si van a ser suficientemente confiables para encargarles la lucha contra el crimen organizado. Por otro lado se debe constituir una rama de fuerzas especiales contra el narcotráfico que no solo se basen en violencia, sino que busquen a través de la ley, la política y la economía, frenar a los delincuentes, personas cuyo sistema de creencias haya sido formado de tal manera de que sean incorruptibles.

Como conclusión, no debemos darle un lugar al narcotráfico en nuestra sociedad, debemos de eliminar su influencia en nuestros jóvenes, hay que tratarlos como lo criminales que son. Por el contrario debemos de crear una nueva identidad para que los mexicanos se sientan orgullosos, la cual no nada más nos haga ver como una nación unida, sino fuerte ante los demás estados, y demostrar que podemos solucionar los problemas que atañan a nuestra patria.         
 

José Antonio Ramírez Yacotú Sierra
Ciencia Política
Universidad de la Américas Puebla    

[1] Alberto Nájar, “La estrategia mexicana contra narcoviolencia, a examen”, BBC Mundo (8 de Abril de 2011) Disponible en http://www.bbc.co.uk/mundo/noticias/2011/04/110408_mexico_narco_violencia_estrategia_nc.shtml
[2] William Booth, “More missing found in Mexico´s mass graves “, The Washington Post (8 de Abril de 2011) Disponible en http://www.washingtonpost.com/world/more-missing-found-in-mexicos-mass-graves/2011/04/08/AFIvEv3C_story.html
[3]Redacción,  “Muere niño de 4 años alcanzado por fuego cruzado en Nayarit”, La Jornada (17 de Marzo de 2011) Disponible en http://www.jornada.unam.mx/2011/03/17/index.php?section=politica&article=013n1pol
[4] Julieta Martínez, “Capturan por nexos con narco a 56 agentes”, El Universal (30 de Julio de 2010) Disponible en
http://www.eluniversal.com.mx/estados/77147.html

miércoles, 23 de febrero de 2011

Irapuato no es Juárez

Ni Napolitano, ni el director del ICE, ni el fiscal general de los Estados Unidos entienden que la muerte del agente Zapata en carreteras mexicanas es un evento de terrible importancia para la soberanía de un país que se llama “México”.
Ellos se la pasaron diciendo durante las exequias del agente Zapata que él había muerto murió "no sólo para proteger a su país, sino al pueblo de México” (Morton-ICE). Napolitano dijo que “no vamos a descansar ni a ceder en nuestra determinación hasta ver que los responsables sean detenidos y paguen por sus crímenes" y el buen Holder (fiscal general) se lució, refiriéndose a Zapata: "trabajaba para ayudar a nuestros vecinos y aliados en México a cumplir con sus responsabilidades ante aquellos a los que sirven y para construir una nación que constituye un faro de esperanza y oportunidad, un lugar donde todos los mexicanos puedan vivir no con miedo, sino en unidad. Ganaremos esta lucha, ésa es mi promesa ante ustedes".
Thanks but no thanks!
Por un lado, el enojo de las autoridades estadounidenses se entiende desde la perspectiva de que cualquier pérdida de sus agentes debe honrarse como si fuese la última. Eso es de admirar a los norteamericanos. Acá en México muere un judicial o un estatal y a lo mucho lo entierran rápido o hacen ceremonias selectivas, sobre todo si fueron varios los caídos. Pero no se hace nada por parar la carnicería.
Es de admirar a las autoridades norteamericanas su determinación de aclarar todas y cada una de sus bajas en la eterna guerra de los buenos contra los malos. Mientras que en México nos medio conformamos que medio paren la matazón.
Pero de eso a que nos cuelguen un héroe… thanks compadre, pero no hay necesidad. Cada quien trabaja desde su respectivo lado de la frontera. Ya tenemos 35,000 héroes, francamente no se necesita ni uno más. Hasta donde yo entiendo, todo el personal norteamericano de justicia y seguridad que trabaja en territorio mexicano sabe perfectamente a lo que se enfrenta y que su muerte siempre será un activo para los Estados Unidos, pero no para México. Lo que siguió (y sigue) es indignante: El FBI cerrando las carreteras federales mexicanas y la PGR elevada a carácter de pariente pobre en las averiguaciones del crimen. Y ya no se diga las regañizas telefónicas  de funcionarios americanos a su contraparte mexicana.
Una persecución norteamericana sobre algún cártel mexicano, definitivamente corre el riesgo de vestir de héroes a los narcos. No obstante, los servicios de inteligencia tienen un panorama muy claro acerca de quién es quién y dónde andan los que andan entre los narcos mexicanos. Así que parece que es cuestión de tiempo que el largo brazo de la justicia norteamericana agarre a los culpables y ¡órenle jijos de la jijurria! A una cárcel de máxima seguridad gringa y el resto de la historia ya es conocido: en México se les hace algunos corridos y, si son ejecutados, empieza su culto junto con el de la Niña Blanca.
¿Y el gobierno mexicano? Bien gracias: el presidente Felipe en el alucine diciendo ante inversionistas japoneses que la seguridad en ciudades mexicanas es equiparable a ciudades europeas. En efecto, Irapuato no es Juárez. Todavía. En el inter, la inteligencia mexicana deja de existir oficialmente ante la acción que a sus largas y anchas la inteligencia norteamericana actualmente despliega no nada más para el caso Zapata, sino para cualquier detalle estratégico y táctico en la guerra contra las drogas. Llevándose de corbata (por delante, pues) a los militares mexicanos y haciendo añicos las aspiraciones democráticas de este gran país, llamado México.
Lo que ni Napolitano, ni Holder, ni Morton entienden es que la muerte del agente Zapata es inútil mientras los norteamericanos no enfrenten con los destos bien puestos el problema de drogadicción de su población. Mientras la demanda de drogas no disminuya significativamente, el problema seguirá en los dos países. Se necesita creatividad y ganas de resolver el problema, no funerales transmitidos en vivo y promesas cínicas de violar la soberanía de otro país.
Nuevamente: soluciones transnacionales a problemas transnacionales. Mi más sentido pésame para la familia Zapata y para las familias de 35,000 mexicanos sacrificados para que los norteamericanos  ya no se droguen. Todas ellas muertes inútiles, so far, if I may.

Dr. Cano