domingo, 25 de marzo de 2012

Otro intento de “borrón y cuenta nueva” por parte de AMLO


Cristina Altaír Nolasco Moreno
Relaciones Internacionales – UDLAP

En esta ocasión, el contendiente a la presidencia de la República afirma que ya perdonó a Calderón por lo ocurrido en las elecciones de 2006 cuando perdió por solo 0.56% de los votos, hecho que nunca aceptó.
El intento de reconciliación de Andrés Manuel López Obrador con la clase media alta y los sectores más poderosos de México continúa como respuesta a una percepción preocupante de la realidad: las encuestas lo siguen ubicando en el tercer lugar y, mientras que Josefina Vázquez Mota y Enrique Peña Nieto suben y bajan en las mismas (respectivamente), él se mantiene constante y no ha dejado de oscilar entre el 13% y el 20% en cuanto a preferencias electorales. Además, le restan menos de cien días antes de las elecciones y, por si fuera poco, no cuenta con una estructura partidista sólida trabajando detrás de él.

De ahí que en la última entrevista que tuvo con el periódico español El País enfatizara tanto su evolución personal y cambio como su deseo de dejar atrás los resentimientos e hiciera un llamado a la reconciliación nacional; sin mencionar que en la misma lógica de la “república amorosa”, le ofreciera indirectamente el perdón y las paces a Felipe Calderón por robarle la presidencia, aunque no sin recalcar dos cosas: que nuestro presidente actual es corrupto y deshonesto, y que es el juicio de la historia el que importa más que cualquiera que él mismo pudiera iniciar abriendo el expediente de los comicios de 2006.

Otra estrategia que ha aplicado para volverse a acercar a los sectores de la sociedad que perdió con amenazas y revueltas en 2006, fue armarse con un gabinete de moderados y gente cercana al sector privado e inversionistas; para así desprenderse de la imagen de peligro y radicalismo que adquirió (y le exageraron los medios) durante dicho periodo.

Por último, AMLO se ha refugiado tanto en el fracaso de Calderón y el PAN contra el crimen organizado como en la continua y notoria corrupción de miembros del PRI, para hacer de su llamado al cambio, el más fácil de imaginar. Haciendo especial alusión a dichos problemas y a los altos índices de violencia que ha generado la lucha contra el narcotráfico, el slogan de este candidato no pudo haber sido más atinado para evocar los deseos del pueblo mexicano: “justicia, honestidad y amor”. La pregunta es si en términos realistas más que utópicos, los mexicanos pueden ubicar estos tres valores incidiendo en el futuro.

Pareciera que AMLO está empleando todas las estrategias posibles de manera correcta, simultánea y veloz. Lo que tendría que mantener y aumentar ahora es su actitud positiva y firme ante los medios y evitar tanto la desesperación como otro periodicazo donde se refleje su cansancio y resignación. Pero sobretodo, necesita urgentemente un muy buen trabajo de campaña a partir del 30 de marzo, para ver si puede sorprender en el poco tiempo que le queda y probar que las encuestas no han sido representativas de las clases que más lo apoyan.

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